Durante dos décadas, investigadores con máscaras y tubos recorrieron el fondo limoso de los ríos del sur de Estados Unidos, recogiendo a tientas mejillones de agua dulce. Muchas conchas parecían conocidas, pero el análisis de ADN mostró otra cosa: ante ellos había cinco especies hasta ahora desconocidas.
Científicos del Acuario Shedd, de la Universidad Estatal de Arkansas y del Servicio Geológico de Estados Unidos describieron nuevas especies del género Obovaria en los ríos Misuri, Arkansas, Misisipi, Alabama, Luisiana y Texas. El trabajo se publicó en la revista Zootaxa. Cada especie está vinculada a su propia cuenca fluvial y recibió su nombre según la localidad: Obovaria sipseyensis, O. neeskaensis, O. pinetorum, O. tallahattae y O. lumbo.
Identificar los mejillones por la concha no es fácil: la forma cambia desde el curso alto hasta el curso bajo, y los machos y las hembras difieren. Por eso desempeñó un papel clave el análisis genético de tres genes y la comparación de más de cuatrocientos contornos de conchas. Al parecer, cada gran cuenca conserva su propia línea genética.
Estos mejillones son verdaderos filtros de los ríos. A lo largo de su vida, un solo individuo puede depurar cientos de miles de litros de agua, eliminando algas, limo, nutrientes y contaminantes. Viven mucho tiempo, a veces más de cien años, y sirven como indicadores de la calidad del agua. Sin embargo, los mejillones de agua dulce son el grupo animal más vulnerable de Norteamérica: cerca de dos tercios de las especies están amenazadas.
Las principales amenazas son las presas, la contaminación, la colmatación por limo y las especies invasoras. El ciclo vital de los mejillones depende de peces hospedadores para las larvas, y las presas bloquean la migración de los peces. Las nuevas especies son raras y locales, por lo que requieren medidas de conservación puntuales. Por ahora, solo una de ellas ha sido propuesta para obtener estatus federal de protección.
El descubrimiento subraya hasta qué punto son incompletos nuestros conocimientos sobre la biodiversidad fluvial. Sin una identificación precisa de las especies, es imposible evaluar los riesgos de extinción y organizar la recuperación. Como señalan los autores, solo se puede proteger aquello que reconocemos.
Para conservar los mejillones, es necesario estudiar a sus peces hospedadores y restaurar las poblaciones en laboratorios para luego devolverlas a los ríos; así se ha logrado ya reintroducir varias especies en la naturaleza.

