En la densamente poblada India, donde hay más personas por kilómetro cuadrado que en la mayoría de los países, los tigres salvajes no solo sobreviven, sino que su número está creciendo y ya se acerca al 70% de todos los individuos del planeta. Según la Oficina Nacional para la Conservación del Tigre, el país alberga alrededor de 2967 animales, y esta cifra continúa aumentando gracias al trabajo sistemático iniciado en 1973 con el lanzamiento del Proyecto Tigre.
Hace cincuenta años, la situación era catastrófica: la población se había reducido a niveles críticos debido a la caza furtiva, la deforestación y la expansión agrícola. Hoy, en 58 reservas repartidas por 18 estados, los tigres encuentran territorios protegidos con una superficie total de más de 84.000 kilómetros cuadrados. Las cámaras trampa y los modelos estadísticos registran no solo el aumento del número de individuos, sino también la expansión de sus hábitats.
El éxito de la India se basa en una combinación de legislación estricta, monitoreo científico y la participación de las comunidades locales. Los aldeanos que viven cerca de las reservas obtienen empleo en el ecoturismo y la conservación, lo que reduce el conflicto entre humanos y depredadores. En lugar de ver al tigre como una amenaza, comienzan a percibirlo como una fuente de ingresos y orgullo.
La población mundial de tigres sigue amenazada en otras regiones: en el sudeste asiático y el Lejano Oriente de Rusia, las cifras se han estabilizado en un nivel bajo. La experiencia de la India demuestra que incluso en condiciones de alta densidad de población y presión económica, se pueden lograr resultados tangibles si la conservación se convierte en una tarea prioritaria del estado durante décadas.
La restauración de la base alimenticia también juega un papel clave: el aumento de las poblaciones de ungulados —ciervos, jabalíes y antílopes— permite a los depredadores no salir de las zonas protegidas. Los métodos modernos, como los modelos espaciales explícitos de captura-recaptura, proporcionan estimaciones precisas y ayudan a responder rápidamente a los cambios.
India demuestra que la conservación de un gran depredador es posible sin una reducción radical de la actividad humana, si las prioridades se establecen correctamente y los esfuerzos son a largo plazo.
