En el departamento de Huila, al sur de Colombia, donde los bosques andinos se transicionan gradualmente hacia la Amazonía, habitantes locales y científicos han registrado tres especies no documentadas previamente en los listados regionales. Estos hallazgos no son solo adiciones a un catálogo, sino testimonios de cuán intrincadamente conectadas están las ecosistemas y cuán importante es el trabajo diario de quienes viven junto a la naturaleza.
Se trata del venado colorado zoche (Mazama zetta), el puercoespín de cola larga (Coendou longicaudatus) y el hurón mayor (Galictis vittata). Cada uno fue confirmado mediante cámaras trampa y recorridos regulares realizados por grupos de monitoreo comunitario en colaboración con la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM).
Particularmente notable es el caso del Mazama zetta. Hasta hace poco, este venado se consideraba parte de un grupo más amplio, pero una reciente revisión taxonómica lo estableció como una especie independiente. El primer encuentro confirmado en Huila se dio en la zona de influencia del Parque Natural Regional Páramo de Las Papas, un área clave que conecta los bosques andinos con el corredor Andino-Amazónico.
La segunda especie, Coendou longicaudatus, también adquirió estatus de especie separada tras una reevaluación taxonómica. El grupo Hábitat Sostenible de Algeciras instaló cámaras trampa y obtuvo las primeras imágenes en el departamento. Estos registros ayudan a precisar el área de distribución real de la especie entre otros puercoespines neotropicales.
El tercero, Galictis vittata, un hurón de gran tamaño. Su presencia fue documentada por los grupos Guardianes de la Biodiversidad Campoalegruna y Hábitat Sostenible cerca del parque La Siberia-Ceibas. El animal rara vez aparece en las cámaras, por lo que cada confirmación es valiosa para entender su dispersión.
Los tres hallazgos se realizaron dentro del corredor Andino-Amazónico, un “puente” natural que facilita el movimiento de animales entre diferentes pisos altitudinales y ecosistemas. Mantener esta conectividad permite a las poblaciones intercambiar genes y resistir mejor los cambios en el paisaje.
Los grupos de monitoreo locales jugaron un papel crucial. Su conocimiento del territorio y sus recorridos regulares complementaron los esfuerzos de los especialistas de la CAM. Como señaló la bióloga Katherine Arenas, este tipo de proyectos colaborativos genera datos de alta calidad y ayuda a tomar decisiones de conservación informadas.
Los nuevos registros demuestran que, incluso en regiones relativamente estudiadas, hay mucho de inesperado esperando ser descubierto si el monitoreo es constante y si participan aquellos que ven a diario rastros y huellas de vida.
Apoyar corredores como el Andino-Amazónico e involucrar a las comunidades en la observación siguen siendo las formas más confiables de preservar aquello que aún no hemos logrado describir.
