En el año 2026, la proporción de estados de EE. UU. con una prohibición estricta de teléfonos móviles en las escuelas a nivel estatal creció del 22 al 57 por ciento, el salto más brusco en cinco años de observaciones.
El quinto informe anual State EdTech Trends Report, elaborado por la asociación SETDA junto con Whiteboard Advisors, se basa en las respuestas de 73 responsables de tecnología educativa de 45 estados y un territorio. El documento registra cómo reaccionan los estados ante el creciente escepticismo público: desde la formalización de políticas en materia de inteligencia artificial hasta el endurecimiento de las normas de adquisición.
El mecanismo funciona así: el estado publica recomendaciones oficiales para la adquisición de herramientas de IA, incluye en ellas la exigencia de pruebas independientes de eficacia y luego supervisa si los distritos cumplen estas reglas al comprar. Paralelamente se introduce la prohibición de teléfonos, respaldada por programas de alfabetización digital: el 76 por ciento de los estados ya apoyan este tipo de cursos. En una escuela real, esto significa que el docente no se limita a repartir tabletas, sino que trabaja conforme a un plan aprobado en el que cada herramienta tiene un objetivo documentado y métricas de resultado.
Según los datos de la encuesta, el 79 por ciento de los responsables señalaron la IA como prioridad principal (un aumento desde el 68 por ciento en el año 2025), y el 83 por ciento de los estados ya han puesto en marcha iniciativas en este ámbito. Al mismo tiempo, el 52 por ciento de los estados no recopilan en absoluto datos sobre la eficacia de las herramientas utilizadas, y el 68 por ciento reconocen la dificultad de verificar por cuenta propia las afirmaciones de los proveedores. La limitación es evidente: la encuesta es de autoevaluación, y el presupuesto y la plantilla siguen siendo modestos: el 74 por ciento no cuenta con financiación suficiente, y el 76 por ciento trabaja en equipos de cinco personas o menos.
Se revela una tensión clave: la inversión en dispositivos y software va por delante de la inversión en la base de evidencias y en el desarrollo profesional de los docentes. El sesenta y dos por ciento de los encuestados señalaron la formación de profesores como la necesidad insatisfecha de más rápido crecimiento. Sin un trabajo sistemático con datos y personal, incluso las reglas más estrictas corren el riesgo de quedarse en una formalidad.
¿Qué ocurrirá si los estados siguen endureciendo los requisitos de pruebas, pero no encuentran recursos para recopilarlas y analizarlas?


