En las aguas noruegas de las islas Lofoten, los cachalotes muestran un comportamiento asombroso: descansan en posición vertical, apenas rozando la superficie, y al mismo tiempo liberan burbujas de aire. Un nuevo estudio ha demostrado que es precisamente este mecanismo el que les ayuda a mantener una flotabilidad neutra y a no salir a la superficie de forma involuntaria.
Los cachalotes son las únicas ballenas que descansan en esta postura. Su cabeza contiene un enorme órgano del espermaceti, relleno de grasa cerosa, más ligera que el agua. Los pulmones y las vías respiratorias también están situados más cerca de la cabeza, lo que ayuda a mantener la posición vertical. Cuando el animal asciende ligeramente, la presión disminuye, el aire de los pulmones se expande y empuja a la ballena hacia arriba. La liberación de burbujas compensa este ascenso.
Los científicos analizaron datos de 42 cachalotes marcados, recogidos desde el año 2005 hasta el 2019. Diecisiete individuos pasaron en descanso vertical desde unos minutos hasta tres horas. El volumen de aire que inhalaban antes de ese descanso difería del de las inmersiones habituales en busca de presas. Esto indica que los animales regulan conscientemente la respiración en función de su estado.
Por ahora no se puede afirmar que los cachalotes duerman propiamente dicho: para ello harían falta estudios electroencefalográficos, que en mar abierto aún no son posibles. Por eso los científicos hablan precisamente de descanso. Un uso similar de las burbujas para controlar la flotabilidad se ha observado también en otras ballenas —las grises y las de Groenlandia—, pero en los cachalotes es el más estudiado en detalle.
Comprender estos sutiles mecanismos es importante para la conservación de la especie. Saber cuándo y cómo los animales se encuentran en un estado vulnerable cerca de la superficie permite evaluar mejor los riesgos de colisión con embarcaciones y elaborar medidas para reducir las amenazas.

