Un estudio genético confirma el estatus especial de las ballenas jorobadas del mar de Arabia

Editado por: Svitlana Velhush

En las aguas del mar de Arabia habita una población de ballenas jorobadas que no realiza las habituales migraciones estacionales entre las frías zonas de alimentación y los lugares tropicales de reproducción. Estos animales permanecen todo el año en latitudes cálidas, siguen un ciclo reproductivo septentrional y cantan canciones que no se parecen a ninguna otra. Un nuevo estudio genético refuerza los argumentos a favor de reconocerlas como una cuarta subespecie: Megaptera novaeangliae indica.

Científicos de la Wildlife Conservation Society, junto con socios de Omán, analizaron el ADN mitocondrial 2285 de ballenas jorobadas de todo el mundo. Los resultados mostraron un alto grado de diferenciación genética de la población árabe respecto de las tres subespecies ya reconocidas: la del Atlántico Norte, la del Pacífico Norte y la del sur. El flujo genético entre ellas es mínimo, y la diversidad genética en el mar de Arabia resultó ser la más baja de todas las regiones estudiadas. Los linajes de las ballenas árabes se separaron hace decenas de miles de años; las estimaciones varían entre 43 y 113 mil años.

Los investigadores también estudiaron el ADN antiguo del espécimen tipo de Megaptera indica, descrito ya en el año 1883 frente a las costas de Irak. El análisis morfológico y genético confirmó que se trataba precisamente de una ballena jorobada, cercana a los individuos árabes actuales. Estos datos respaldan la propuesta de denominar la subespecie Megaptera novaeangliae indica, aunque la decisión final queda en manos del Comité de Taxonomía de la Sociedad de Mamíferos Marinos.

La singularidad de la población se manifiesta no solo en los genes. Las ballenas no migran, se alimentan y se reproducen en una misma zona, y poseen una cultura de canto y un comportamiento particulares. Tal aislamiento las hace especialmente vulnerables: los enredos en artes de pesca, las colisiones con embarcaciones, el ruido submarino, la contaminación y los cambios climáticos, que afectan a las reservas de sardinas, amenazan su supervivencia. La población sigue siendo reducida y no crece desde hace dos décadas.

El reconocimiento de la subespecie abre el camino a medidas de conservación más precisas, desde planes regionales de gestión hasta la cooperación internacional a través de la Comisión Ballenera Internacional. Sin acciones coordinadas, el riesgo de extinción de este linaje genética y culturalmente único sigue siendo alto.

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Fuentes

  • Genetic Research Strengthens Case for Recognition of Arabian Sea Humpback Whale as a Distinct Subspecies

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