En Londres decidieron que los festivales gastronómicos habituales ya no eran suficientes.
Del 12 al 13 de septiembre, en Hackney Bridge se celebró The Big Brine — una gran fiesta de todo lo que se puede salar, marinar, fermentar y dejar en un frasco hasta tiempos mejores.
Y si crees que se trata solo de pepinos, subestimas la magnitud.
En el festival había encurtidos, kimchi, verduras fermentadas, salsas, combinaciones extrañas y productos ante los que una persona normal primero mira con la pregunta:
— ¿Esto de verdad hay que comerlo?
Y un minuto después:
— ¿Dónde se compra un frasco?
La idea principal del festival es mostrar que los encurtidos hace tiempo que superaron el formato:
«La abuela preparó conservas para el invierno».
Ahora es gastronomía, cultura, experimentos y casi filosofía.
Se podía caminar entre los puestos, probar decenas de variantes, escuchar a los chefs y debatir cuestiones muy serias:
— ¿Este pepino está lo bastante crujiente?
— ¿Y este kimchi ya está listo o todavía necesita reflexionar sobre la vida?
Lo más bonito es que todo esto iba acompañado de música en vivo y sesiones de DJ.
Es decir, en algún lugar había gente bailando con una copa en la mano.
Y aquí bien podría haber estado una persona con un frasco de col fermentada.
Y también feliz.
En el festival participaban productores con nombres como Sexy Pickles y Reckless Pickle, lo que de por sí suena como si los pepinos encurtidos por fin hubieran salido de las sombras y empezado a vivir a plenitud.
Había talleres de fermentación, catas y la oportunidad de descubrir cómo una verdura común recorre el camino desde:
«estaba ahí tranquilamente»
hasta:
«se convirtió en un acontecimiento gastronómico».
En resumen, Londres volvió a demostrar:
si reúnes a suficiente gente en torno a una idea extraña, pones música y añades comida, obtienes un festival.
Aunque esa idea sea la
salmuera. 😄
Y, quizá, el mejor lema de The Big Brine sonaría así:
«Si la vida te da un pepino, ponlo en un frasco».

