Los arqueólogos han llegado a una conclusión sensacional: nuestros antepasados en la Europa glacial no solo recogían los restos de gigantes caídos, sino que organizaban contra ellos complejas y coordinadas batidas.
Durante muchos años, en la comunidad científica predominó una teoría bastante prosaica sobre la vida cotidiana de los antiguos europeos del Paleolítico. Se creía que los seres humanos primitivos eran más bien los «arqueólogos» de su tiempo: encontraban huesos de mamuts muertos hacía mucho, recogían colmillos desgastados por la intemperie y con ese material disponible fabricaban herramientas. Sin embargo, los nuevos datos de las excavaciones del yacimiento de Breitenbach (estado de Sajonia-Anhalt, Alemania) han obligado a los científicos a reescribir por completo este capítulo de la historia.
¿En qué consiste el carácter revolucionario del descubrimiento?
La revolución radica en un cambio de paradigma: de la recolección pasiva a la caza activa y de alto riesgo de la megafauna.
Antes, la presencia de objetos de marfil de mamut en yacimientos de entre 30 y 40 mil años de antigüedad se explicaba por el hecho de que las personas simplemente utilizaban lo que ya yacía en el suelo. El nuevo descubrimiento demuestra lo contrario: los antiguos seres humanos obtenían mamuts de forma intencionada y descuartizaban sus cuerpos inmediatamente después de matarlos. Esto cambia radicalmente la idea sobre sus capacidades cognitivas, su nivel de organización social y su papel en el ecosistema de la época glacial.
Arqueología «forense»: cómo los colmillos delataron a los cazadores
La prueba clave no fueron los colmillos en sí, sino cómo exactamente se separaron del cráneo. Este verano, los investigadores descubrieron fragmentos de colmillos que todavía se encontraban en los alvéolos dentales.
La biomecánica del proceso proporcionó a los científicos una prueba irrefutable. El diámetro de los fragmentos de colmillo extraídos era menor que el tamaño del propio alvéolo. Esto significa físicamente que el hueso no se cayó ni fue desenroscado de un cráneo reseco. Fue arrancado por la fuerza, mientras aún se mantenía firmemente sujeto en la encía y el hueso del animal.
Como explican los expertos, un colmillo viejo, que ha permanecido años a la intemperie, pierde humedad, se vuelve frágil y se exfolia. Es imposible hacer con él una punta de lanza o un adorno de calidad. El hecho de que en el yacimiento se hayan encontrado numerosos objetos bien trabajados confirma que las personas trabajaban exclusivamente con material «fresco», obtenido recientemente.
¿Cómo mataban a los gigantes?
Si la caza era una realidad, surge la siguiente pregunta: ¿cómo se las arreglaban los grupos de seres humanos primitivos, armados con herramientas rudimentarias, con animales de varias toneladas?
Pruebas directas, como puntas de piedra clavadas en las costillas de un mamut (que aparecen en estratos más tardíos), todavía no se han encontrado en Breitenbach. Sin embargo, los científicos reconstruyen el escenario probable:
- Táctica de grupo. Nadie iba solo a por un mamut. La caza exigía acciones coordinadas de una gran comunidad.
- Uso del relieve. La estrategia más probable consistía en arrinconar a los animales en terrenos pantanosos y cenagosos. El mamut atascado en el lodo perdía su principal ventaja: la movilidad y la capacidad de resistirse.
- Armas a distancia. El director del proyecto, Olaf Jöris, supone que se utilizaban lanzas. No se descarta que ya entonces se emplearan prototipos de propulsores de lanzas (átlatls), que permitían lanzar proyectiles con mayor fuerza a una distancia de 20–30 metros, aunque las pruebas arqueológicas directas de tales dispositivos aparecen solo varios milenios después (hace unos 25 000 años).
¿Por qué es importante ahora?
El yacimiento de Breitenbach, que ocupa una superficie de unos 10 000 metros cuadrados, es uno de los asentamientos humanos confirmados más grandes y septentrionales de aquel período (hace 42 000–32 000 años). La prueba de que aquellas personas eran cazadores activos y no carroñeros eleva su estatus en la escala evolutiva. Esto demuestra la existencia de una planificación compleja, la transmisión de habilidades cinegéticas entre generaciones y la capacidad de adaptarse a las duras condiciones de la Europa glacial no gracias a hallazgos fortuitos, sino gracias a su propia maestría e ingenio.

