Perros rastreadores salvan a pequeñas tortugas de pantano en las montañas de Carolina del Norte

Editado por: Svitlana Velhush

En los húmedos prados de montaña del oeste de Carolina del Norte, labradores con el hocico bajo y la cola erguida rastrean la tierra empapada en zigzag. Su objetivo son las diminutas tortugas de pantano, que caben en la palma de una mano y son consideradas las más pequeñas de América del Norte. En el verano de 2026, tres organizaciones conservacionistas lanzaron un proyecto piloto donde los perros logran lo que a los biólogos les resultaba difícil durante años: encontrar a estas raras reptiles y sus nidos.

Las tortugas de pantano llevan mucho tiempo en peligro. Sus poblaciones sufren la caza furtiva para el comercio ilegal y la urbanización que destruye sus pantanos de alta montaña. El huracán Helen, en 2024, cubrió estos ya escasos hábitats con toneladas de grava y sedimentos, reduciendo sus limitadas áreas de distribución. Las tortugas ponen solo dos a cuatro huevos al año y alcanzan la madurez a los siete años, por lo que cada nido es crucial.

Anteriormente, los biólogos buscaban tortugas clavando un palo de madera en el lodo y escuchando un golpe característico. Era un trabajo peligroso; una vez, la mano de un investigador tropezó con la cabeza de una tortuga caimán. Ahora, perros labradores como Pete y Letty son entrenados para detectar el olor de los adultos. A las reptiles encontradas se les equipa con pequeños radiotransmisores para monitorear sus movimientos y, finalmente, localizar los sitios de anidación.

Para la búsqueda de nidos se requiere otro especialista. Stevie, una mezcla de pastor australiano y perro boyero que pesa solo 16 kilogramos, trabaja lenta y cuidadosamente. Fue seleccionada específicamente por su baja excitabilidad: un perro demasiado rápido podría pasar por alto un olor apenas perceptible. Antes de las salidas de campo, Stevie fue 'imprimada' con muestras de huevos de zoológico, y luego con nidos reales recolectados usando almohadillas de gasa y tubos especiales.

Los perros ya han demostrado su eficacia. Durante la primera temporada, ayudaron a encontrar tortugas adultas para su marcado. En el futuro, planean usar su olfato para explorar nuevas áreas de conservación, donde el ojo humano no detectaría las señales necesarias. Paralelamente, los huevos de los nidos más vulnerables se envían al Zoológico de Knoxville para un 'programa de crecimiento acelerado': después de un año, las crías son tres veces más grandes y tienen un caparazón duro.

El proyecto demuestra cómo una herramienta natural tan fina como el olfato canino complementa los esfuerzos humanos para restaurar ecosistemas frágiles. Los perros regresan a Nueva York para un entrenamiento adicional, mientras los biólogos continúan su labor en el terreno.

La nariz canina no solo ayuda a encontrar tortugas, sino también a comprender mejor qué pantanos aún se pueden salvar antes de que desaparezcan para siempre.

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Fuentes

  • A turtle’s best friend? How dogs are saving North Carolina’s tiniest turtle

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