Los masái de Kenia cambian las cercas para salvar a los últimos pangolines gigantes

Editado por: Svitlana Velhush

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En el bosque de Nyekweri, en las afueras de la reserva de Masái Mara, la señal del GPS se interrumpió de repente. Los investigadores encontraron a Naserian, una hembra de pangolín gigante, bajo un cable eléctrico, uno de los muchos que ahora cruzan unas tierras antes abiertas.

En Kenia quedan menos de treinta pangolines gigantes, y casi todos viven precisamente aquí. Desde el año 2022, quince ejemplares han muerto en la zona, y catorce de ellos por electrocución. La caza furtiva, considerada durante mucho tiempo la principal amenaza, ha pasado a un segundo plano: los pangolines no pueden saltar la cerca y, al enrollarse en bola, se convierten en un blanco fácil para la electricidad.

Las tierras ancestrales de los masái se dividieron en parcelas privadas y los bosques se talaron para cultivos y pastos. Más del ochenta por ciento del bosque de Nyekweri ha desaparecido en veinte años. Han aparecido cientos de kilómetros de cercas eléctricas que protegen al ganado de los depredadores, pero bloquean las rutas de los pangolines. Según el proyecto The Pangolin Project, los animales cruzan decenas de propiedades privadas cada noche.

Los habitantes locales han encontrado un punto de encuentro. En lugar de retirar las cercas, desconectan voluntariamente la electricidad en los dos o tres cables inferiores. Ya se ha hecho así en ciento treinta y cuatro kilómetros de cercados, casi la mitad de todos los contabilizados. Los pangolines pasan por debajo, mientras que el ganado mayor y los depredadores permanecen al otro lado. Los propietarios de las tierras, como Peter Ole Tompoi y Ben Sulel, han comprobado por sí mismos las ventajas: los pangolines devoran millones de termitas y hormigas al año sin tocar los cultivos.

El proyecto combina cambios sencillos en las cercas con acuerdos a largo plazo: las familias reciben pagos por conservar el bosque y restaurar los corredores. Ya se han puesto bajo protección más de seis mil hectáreas. El sistema EarthRanger sigue a los animales marcados y avisa cuando se acercan a zonas peligrosas.

Los cambios se producen poco a poco, y no todos están aún de acuerdo en desconectar los cables, pero el número de participantes crece. Lo esencial es entender que un paso seguro para el pangolín no exige renunciar al modo de vida habitual.

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Fuentes

  • Electric fences that kill and the Maasai trying to save Kenya’s last giant pangolins

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