En las densas selvas de la cuenca del Congo, donde algunos árboles han vivido más de un siglo, las maderas habituales se van volviendo escasas: la demanda crece más rápido de lo que el bosque logra reponer sus existencias. Un nuevo estudio realizado en Kisangani, uno de los mayores mercados de madera de la República Democrática del Congo, propone una salida poco evidente. Según sus autores, la solución puede no estar en ampliar la tala, sino en mirar con atención las especies que hasta ahora permanecen en la sombra.
El equipo fue dirigido por Moussa Wasukundi, de la Universidad de Lieja (adscrito a Gembloux Agro-Bio Tech). Los investigadores recorrieron 21 aserradero y 38 talleres de carpintería de Kisangani. Las cifras se ordenan así: 11 aserraderos y 28 talleres se examinaron por separado, y además 10 emplazamientos donde el aserradero y el taller se encuentran en un mismo lugar se contabilizaron en ambas categorías. En total, los científicos estudiaron 27 especies de madera que llegan al mercado local. Nueve de ellas gozan de amplia demanda. Las demás, 18, entre ellas 14 poco conocidas, poseen propiedades técnicas adecuadas, pero casi no entran en el comercio.
La situación de las nueve maderas populares resulta preocupante. En muchas de ellas las existencias de madera son inferiores a un metro cúbico por hectárea, o bien el tronco crece menos de medio centímetro al año, o la regeneración natural es débil. Estos rasgos generan inquietud: con una explotación prolongada, esos árboles corren el riesgo de agotarse. Frente a ello, parte de las especies poco conocidas se muestra bastante más resistente: por la densidad de su madera, su ritmo de crecimiento y su capacidad de recuperación.
La fuerza del trabajo reside en la combinación de tres enfoques. Los investigadores midieron las propiedades físicas y mecánicas de la madera, escucharon a los maestros carpinteros sobre la dureza y la durabilidad del material y procesaron los datos del inventario forestal: densidad de árboles, volúmenes, ritmos de crecimiento y crecimiento de los brinzales. El resultado fue revelador: las percepciones de los artesanos coincidieron en gran medida con las mediciones de laboratorio. La experiencia práctica de quienes trabajan a diario con la madera resultó una referencia fiable.
Este enfoque «del bosque al mercado» permite evaluar no solo qué especies existen, sino también en qué medida se venderán realmente y si resistirán una extracción moderada. Es una referencia útil para empresas y autoridades que quieren diversificar los suministros sin socavar el ecosistema. También importa otro contexto. En un trabajo aparte de 2025, se verificaron con dos métodos 115 muestras de madera de los mercados de Kisangani, y 26 de ellas estaban mal identificadas. Por lo tanto, la identificación precisa de las especies en el mercado, y no solo la elección de nuevas maderas, sigue siendo una tarea independiente.
El tema de las maderas poco conocidas ya trasciende un solo laboratorio: en el sitio web de ATIBT, la asociación internacional de maderas tropicales, se han publicado materiales sobre maderas poco conocidas con la participación de la Universidad de Lieja. El equipo continúa su trabajo. Las ponencias de la segunda conferencia internacional de 2026 están dedicadas al crecimiento y al potencial de rendimiento maderero de tres especies subvaloradas de la RDC. El propio enfoque puede ser útil también en otras zonas de la cuenca del Congo, donde la presión sobre las especies habituales va en aumento.
Los bosques del Congo pueden seguir dando madera y conservando su riqueza, pero solo si no se depende únicamente de los nombres conocidos. También son prometedoras las especies que aún esperan reconocimiento, con una condición: sus existencias y su dinámica deben evaluarse con rigor antes de incorporarlas al circuito comercial.

