En plena noche, una embarcación con trece pecaríes de labios blancos (Tayassu pecari) cruzaba el golfo de Golfo Dulce en Costa Rica. Alrededor brillaban olas bioluminiscentes y estrellas fugaces, mientras los animales conversaban en voz baja en sus cajas. La veterinaria Denis Ortiz Angulo comparó más tarde ese momento con escenas de «La vida de Pi», solo que en lugar de un tigre, a bordo viajaban los «constructores» clave del bosque tropical.
Los pecaríes de labios blancos desaparecieron del Parque Nacional Piedras Blancas hace unos dieciocho años debido a la caza. No son solo habitantes del bosque: estos animales remueven el suelo, dispersan semillas en sus excrementos y crean pequeñas charcas donde se instalan ranas, insectos y otras especies. Sin ellos, el ecosistema pierde un eslabón importante y los jaguares se quedan sin su principal presa, por lo que se enfrentan más a menudo con los humanos. Según los datos del monitoreo, después de la reubicación, la manada se mantiene unida y parece saludable.
La preparación llevó más de diez años: se estudiaron las poblaciones, se trabajó con los lugareños y se acostumbró a los animales a la carnada en el corral. El día de la operación, trece individuos —tres machos y diez hembras— cayeron en la trampa antes de lo esperado. Luego comenzó un relevo de dieciséis horas: pesaje, enfriamiento con agua, transporte en camiones y travesía nocturna en barco. En el parque, los pecaríes fueron mantenidos primero en un corral de aclimatación y luego liberados. A dos animales se les colocaron collares satelitales.
El proyecto de Osa Conservation demuestra cómo se puede acelerar la recuperación natural. El bosque no habría traído de vuelta a los pecaríes en un tiempo razonable; según las estimaciones, podrían haber pasado hasta cien años. La reubicación se convirtió en una especie de «medicina» para el ecosistema, como expresó el director de la organización, Carlos Manuel Rodríguez. Sin embargo, el éxito depende no solo de la ciencia, sino también del apoyo de las comunidades cercanas: una encuesta mostró que el 72 por ciento de los residentes aprueba el regreso de la especie.
La siguiente etapa es otro grupo de pecaríes este año, con el objetivo de 25–30 individuos. La organización planea proyectos similares con otras especies desaparecidas, como las águilas harpías y los osos hormigueros gigantes. Estas acciones recuerdan que, a veces, para que el bosque vuelva a estar vivo, es necesario devolver manualmente a quienes lo moldean.
