Los glifos de Teotihuacán en la cueva de Chalcatzingo: rituales de guerreros y paisaje sagrado

Editado por: Svitlana Velhush

En una pequeña cueva en la ladera del cerro Delgado, en México, tres signos rojos trazados hace alrededor de mil quinientos años vinculan la lejana megalópolis de Teotihuacán con lugares sagrados locales. Estos glifos, descubiertos en la cueva n.º 19 del sitio arqueológico de Chalcatzingo, datan de los siglos IV–VI de nuestra era y, según los investigadores, pertenecen al sistema de escritura de Teotihuacán.

Chalcatzingo es conocido sobre todo por sus petroglifos olmecas de los siglos IX–V antes de nuestra era, pero los nuevos hallazgos corresponden a un período mucho más tardío. La cueva es un pequeño abrigo rocoso de unos cinco metros de ancho, situado en la ladera occidental de un cerro de 110 metros de altura. En una de las paredes se conserva un estante carbonizado y, sobre él, tres glifos compuestos, ejecutados con pigmento rojo oscuro, probablemente a base de hematita.

El primer glifo, parcialmente dañado, representa una montaña estilizada y, al parecer, transmite el nombre «Montaña Cantora» —un topónimo conocido por los frescos de la propia Teotihuacán—. El segundo signo combina un collar, una tela y un dardo dispuesto verticalmente, semejante a un proyectil de átlatl; los investigadores lo interpretan como un título o rango guerrero. El tercer glifo —un marco rectangular con estrellas— dialoga con las imágenes de toldos rituales en los incensarios de Teotihuacán, asociadas al culto de los guerreros caídos.

Las huellas de fuego en el estante y en las paredes indican un ritual pirolítico, un rito con uso del fuego. Los científicos suponen que el estante pudo servir de base para un incensario o incluso para un fardo funerario que se incineraba durante la ceremonia. Los detalles exactos del rito siguen siendo desconocidos, pues los objetos no se conservaron; sin embargo, la combinación de escritura, fuego y paisaje sagrado difícilmente puede explicarse de otro modo que como una acción ritual.

La investigación, publicada en la revista Antiquity, fue realizada por Christophe Helmke y Jesper Nielsen, de la Universidad de Copenhague, junto con sus colegas mexicanos Carolina Meza Rodríguez y Mario Córdova Tello. Señalan que Chalcatzingo, situado a unos 90 kilómetros de Teotihuacán, pudo haber sido un lugar de peregrinación para los habitantes de la megalópolis. Los glifos testimonian no solo el uso ritual de la cueva, sino también la existencia de una escritura logo-fonética plena en Teotihuacán, un sistema que antes se consideraba a menudo meramente decorativo.

El descubrimiento subraya hasta qué punto los habitantes de Teotihuacán percibían el mundo que los rodeaba como un texto sagrado, donde cada montaña, cueva y signo tenía su lugar en la geografía ritual. Hallazgos como este muestran que las antiguas civilizaciones de Mesoamérica integraban activamente la escritura en sus prácticas cotidianas y sagradas, vinculando lejanos centros de poder con santuarios locales.

Descubrimientos así nos recuerdan que incluso los fragmentos de una escritura antigua pueden revelar cómo las personas del pasado construían el vínculo entre la tierra, la memoria de los guerreros y su propio lugar en el mundo.

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Fuentes

  • Ancient Teotihuacan glyphs reveal ritual use of a sacred cave in Mexico

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