Las excavaciones en una obra de construcción en Ligornetto, cantón del Tesino, revelaron inesperadamente un fragmento del mundo romano donde el trabajo cotidiano y el oficio se entrelazaban más estrechamente de lo que se suele pensar. Los arqueólogos del Servicio de Arqueología del cantón iniciaron los trabajos en junio del año 2026 en el solar de Stramonte, antes de la construcción de un edificio residencial, y en pocos meses descubrieron un edificio de piedra con seis estancias, datado en los siglos II–III de nuestra era.
La construcción, de unos ocho metros de ancho y no menos de once metros de largo, está levantada con piedra y ladrillo reutilizado. En su interior aún no se han encontrado hogares ni indicios típicos de vivienda, pero alrededor y detrás del edificio se acumuló una cantidad inusualmente grande de escoria de hierro y residuos de fundición de bronce. Esto apunta a una intensa actividad metalúrgica en las proximidades, aunque todavía está por precisar la ubicación exacta del propio taller.
Junto a los muros de piedra, los arqueólogos documentaron hoyos de postes de construcciones ligeras, un sendero de ladrillo reutilizado y huellas de actividad agrícola. El conjunto dibuja un pequeño complejo productivo donde la metalurgia convivía con la agricultura y el tránsito por un camino local. Este tipo de asentamientos cubría las necesidades de la administración y el ejército romanos en las zonas fronterizas de los Alpes.
El hallazgo es especialmente valioso porque muestra cómo la economía romana se apoyaba no solo en los grandes centros, sino también en modestos talleres periféricos. Aquí el hierro y el bronce se trabajaban en cantidades suficientes para las necesidades locales, y los residuos simplemente se enterraban o se esparcían: una práctica habitual que hoy ayuda a los arqueólogos a datar con precisión los estratos y a reconstruir los procesos tecnológicos.
Entre los hallazgos destaca un pequeño broche de bronce en forma de pavo real, símbolo asociado a la diosa Juno. Un detalle así recuerda que incluso en la zona de trabajo la gente no olvidaba los símbolos y los adornos. Las excavaciones continúan, y cada nuevo estrato puede contar cómo se organizaba exactamente el trabajo y por qué este lugar perduró varios siglos.
El descubrimiento en Ligornetto confirma una vez más que la civilización romana no fue solo calzadas y acueductos, sino también una cadena de pequeños talleres donde los conocimientos se transmitían de generación en generación. Hallazgos como este permiten comprender mejor hasta qué punto eran sostenibles las tecnologías antiguas y cómo influían en la vida cotidiana de las personas en todo el imperio.


