El viernes por la noche, los Philadelphia 76ers llegan a Cleveland no como un equipo más de la NBA. LeBron James, que en la temporada baja rechazó un tercer regreso a su ciudad natal, ahora juega para el equipo que lidera el Este con un récord de 8-1. Este encuentro en el marco de la Copa de la NBA no parece un espectáculo nostálgico, sino una prueba de que la decisión tomada en julio fue la correcta.
James consideró seriamente la opción de los Cavaliers, pero finalmente firmó con los 76ers. Allí se encontró en compañía de Joel Embiid, Tyrese Maxey, Jaylen Brown y el novato V.J. Edgecombe. La plantilla titular ya suma 36 participaciones en el All-Star y cinco títulos de MVP en su carrera. Los primeros resultados muestran que el equipo encontró rápidamente el entendimiento: en nueve partidos, los 76ers lograron ocho victorias, y James promedia 15,7 puntos, 7,4 rebotes y 7,4 asistencias.
La elección de Philadelphia en lugar de Cleveland o Miami parece cada vez más lógica. Los Cavaliers atraviesan problemas de lesiones, mientras que los 76ers demuestran un equilibrio entre ataque y defensa. James pasó a un rol un poco menos dominante, pero eso le permite conservar energía en su 41 año y, aun así, influir en el resultado. El contraste con lo que habría sido en Cleveland, donde volvería a ser el centro de atención, ya es visible.
Para James no es simplemente otra visita a su ciudad natal. A lo largo de 13 años de visitas a Cleveland con otra camiseta, las gradas siempre se llenaban con antelación. Ahora, según los organizadores, no está garantizado el lleno total. Los aficionados recuerdan 2016 y el campeonato, pero también recuerdan que prefirió otro equipo. Ya no es la historia del regreso de un héroe, sino la de cómo incluso una leyenda apuesta por un proyecto nuevo.
La analogía es sencilla: imaginen a un maestro que toda la vida reparó una casa y de pronto se mudó a una nueva, donde las herramientas ya están en su sitio y los ayudantes saben lo que hacen. En Philadelphia, James no carga con todo él solo, y el equipo solo se beneficia de ello. Los primeros nueve partidos demostraron que este enfoque funciona más rápido de lo esperado.
Lo que ocurre ahora dice más que el simple resultado de un equipo. En la NBA cada vez más gana no la nostalgia y la lealtad, sino el cálculo y el entorno. James, que siempre supo leer el momento, demuestra una vez más que incluso al final de su carrera se puede elegir no el pasado, sino el futuro. Y por ahora ese futuro parece muy prometedor.

