En las vastas regiones del espacio, a 7500 años luz de la Tierra, la nebulosa de Carina alberga una estructura sorprendente. Esta enorme zona de formación estelar ha sido observada recientemente con detalle por dos potentes telescopios de la NASA, Hubble y James Webb, que ofrecen una nueva perspectiva sobre el nacimiento de las estrellas. La columna alargada de polvo recuerda la silueta de un gato sentado de espaldas, con la cabeza girada hacia la derecha y un «ojo» brillante que resalta en la oscuridad.
Su peculiar forma no surgió por casualidad. La intensa radiación ultravioleta y los vientos estelares de las estrellas masivas cercanas fueron esculpiendo la columna. El polvo y el gas, al ser densos, resisten la erosión y forman este relieve llamativo, aunque pasajero. Con el tiempo, la estructura se dispersará; mientras tanto, permite estudiar los complejos procesos que ocurren en los viveros estelares.
En luz visible, Hubble revela un pilar de polvo opaco y oscuro, de tonos marrones. A lo largo del borde derecho destaca una franja amarilla luminosa: es gas ionizado por la radiación ultravioleta de estrellas masivas próximas. La fotoevaporación, como se conoce este proceso, va consumiendo poco a poco el material. El «ojo» rojizo del gato probablemente corresponde a una estrella joven, todavía parcialmente oculta entre el polvo.
El entorno de la columna despliega colores que van del azul y el turquesa en la parte superior al amarillo, naranja y rojo en la inferior. Se trata de la luz del oxígeno, el hidrógeno y el azufre, además de la luz estelar dispersada. La imagen de Webb, captada en el infrarrojo cercano, atraviesa el polvo y permite ver una superficie de textura compleja. El pilar parece semitransparente y aparecen decenas y centenares de estrellas, puntos azules y amarillos, algunas aún envueltas en polvo.
En esa observación, el mismo «ojo» resplandece en amarillo intenso. También se distinguen galaxias lejanas en el fondo, como si la imagen abriera una ventana a regiones todavía más profundas del cosmos. A la izquierda de la estructura principal, unos filamentos fantasmales de polvo y gas reciben suavemente la radiación de las estrellas vecinas.
La vista en el infrarrojo medio ofrece otra lectura. El polvo cálido y las moléculas que contienen carbono, estimuladas por la luz estelar, ponen de relieve detalles muy finos: glóbulos, filamentos y patrones intrincados. A la derecha del pilar, una fuente brillante —probablemente otra estrella joven inmersa en polvo— destaca contra el resplandor rojizo de la materia que la rodea.
Las tres perspectivas, en luz visible y en infrarrojo cercano y medio, componen una misma historia. Muestran cómo la energía de las estrellas masivas transforma el espacio, cómo nacen nuevas estrellas en concentraciones densas y cómo la materia se reorganiza sin cesar. Carina es una de las regiones de formación estelar más activas de nuestra galaxia, y esta pequeña zona permite observar procesos que se producen por todas partes.
En una sola columna estrecha se concentra un mundo entero: nacimiento, resistencia, destrucción y renovación. La radiación de estrellas lejanas modela estructuras que, millones de años después, podrían convertirse en nuevos sistemas, quizá con planetas. El universo combina un orden asombroso con el caos. A miles de años luz ocurren fenómenos grandiosos, de los que incluso los telescopios más potentes apenas levantan el velo. Cada imagen nueva recuerda que el cosmos es complejo, hermoso y está lleno de misterios por resolver.


