El cielo de noviembre revela estelas de fuego, una conjunción planetaria y un camino hacia una estrella

Autor: Uliana S

La noche de noviembre parece entreabrir una puerta al enorme mecanismo del universo. Mientras la Tierra continúa su habitual recorrido alrededor del Sol, a través de su atmósfera se precipitan diminutas partículas que los cometas dejaron hace muchísimo tiempo. Primero, hacia el 5 de noviembre, llega el máximo de las Táuridas del Sur. Los meteoros parecen salir de la constelación de Tauro y, aunque por hora son pocos —unos cinco en condiciones ideales—, a veces estalla un bólido brillante que ilumina todo el cielo por un instante. Una semana después, hacia el 12 de noviembre, le toca el turno a las Táuridas del Norte. También son escasas en número, pero sus estelas de fuego nos recuerdan que avanzamos a través de una nube de polvo cósmico que existe desde hace millones de años.

Y luego, en las horas previas al amanecer del 17 y el 18 de noviembre, tras la puesta de la Luna, entran en escena las Leónidas. Bajo un cielo oscuro pueden verse hasta quince meteoros por hora. Lo mejor es alejarse de las luces de la ciudad, dar a los ojos media hora para acostumbrarse a la oscuridad y simplemente mirar hacia arriba, abarcando con la mirada la mayor extensión de espacio posible. Cada destello es un diminuto fragmento de materia que se consume al instante al encontrarse con nuestro planeta. Lo que parece casual está en realidad sometido a una estricta geometría orbital: la Tierra atraviesa cada año las mismas corrientes de polvo.

Hacia mediados del mes, a los espectáculos meteoríticos se suma otro más. En la mañana del 15 y el 16 de noviembre, en el sureste, poco antes del amanecer, Marte y Júpiter quedan a solo 1,2 grados uno del otro —un poco más que dos lunas llenas colocadas una al lado de la otra. El brillante Júpiter y el rojizo Marte se distinguen con facilidad a simple vista. En el espacio, entre ellos hay decenas de millones de kilómetros, pero desde nuestro punto de vista casi se tocan. Durante varios días seguidos puede observarse cómo se acercan y luego vuelven a separarse. Dos enormes planetas, que se mueven por sus órbitas independientes, se superponen por un instante en una sola imagen para el observador terrestre.

En esos mismos días ocurre un acontecimiento de otra escala. El 17 de noviembre, la sonda espacial «Voyager-1» se convierte en el primer objeto creado por el ser humano que se aleja de la Tierra a una distancia de un día luz. La señal, que viaja a la velocidad de la luz, ahora tarda un día entero en llegar hasta ella, y otro día más se necesita para que la respuesta regrese. Si miramos por la noche hacia la constelación de Ofiuco, podemos al menos imaginar la dirección hacia la que se marcha este diminuto mensajero, que lleva casi medio siglo volando por el espacio interestelar. La NASA propone que ese día nos unamos a la iniciativa «Shine Bright for Voyager’s Light-Day», una sencilla manera de conmemorar el momento en que la tecnología humana cruzó por primera vez semejante umbral.

Y hacia el final del mes, el 24 de noviembre, el cielo se inunda con una superluna. La Luna llena se encuentra más cerca de la Tierra de lo habitual, porque su órbita es ligeramente elíptica. La diferencia de tamaño apenas se nota, pero la luz se vuelve un poco más brillante. Es la primera de tres superlunas consecutivas: en noviembre, diciembre y enero. Cuando se eleva sobre el horizonte, parece especialmente grande: una conocida ilusión óptica que funciona con cualquier luna llena.

Todo esto ocurre al mismo tiempo: diminutas partículas se consumen en la atmósfera, los planetas se alinean en una pareja visible, una sonda lejana cruza una frontera invisible y la Luna pasa por el punto más cercano de su órbita. Ninguno de estos acontecimientos requiere equipo especial. Basta con un lugar oscuro, paciencia y ganas de levantar la cabeza. El cielo de noviembre recuerda que vivimos dentro de un sistema enorme, preciso e increíblemente hermoso, donde cada movimiento está ligado a los demás, y tras la habitual oscuridad nocturna se abre todo un mundo que sigue desplegándose justo encima de nosotros.

10 Vues

Comentarios

¿Encontró un error o inexactitud?Consideraremos sus comentarios lo antes posible.