El 25 de agosto de 2026, la NASA publicó una nueva galería de 16 imágenes de galaxias. Cada una de ellas se compone de datos del observatorio de rayos X «Chandra» y de observaciones de otros telescopios: «Hubble», «James Webb», IXPE, Swift, NuSTAR e instrumentos terrestres. El resultado es una colección en la que las galaxias espirales, elípticas e irregulares se ven de manera muy distinta a como se ven en la luz visible habitual.

Los astrónomos dividen las galaxias en tres tipos principales. Las espirales, similares a nuestra Vía Láctea, tienen brazos que se extienden desde el centro. Las elípticas suelen ser más antiguas y a menudo se forman tras fusiones. Las irregulares presentan una apariencia muy variada y procesos turbulentos. En la nueva galería se representan las tres categorías. Los datos de rayos X de «Chandra», acumulados a lo largo de décadas de trabajo, muestran lo que está oculto para los telescopios ordinarios: gas calentado a millones de grados, restos de estrellas que han explotado, sistemas binarios de rayos X y actividad de agujeros negros supermasivos.

He aquí solo algunos ejemplos. NGC 1672 es una galaxia espiral barrada que canaliza gas hacia el centro. La emisión de rayos X ilumina los agujeros negros en crecimiento a lo largo de la barra. M33, una galaxia espiral cercana, se ve casi de frente: aquí se distinguen claramente estrellas de neutrones y agujeros negros de masa estelar que atraen materia de estrellas vecinas. En NGC 4258 (M106), los chorros del agujero negro central crean inusuales brazos «anómalos» de gas caliente. Centaurus A muestra un potente flujo de partículas que se extiende a decenas de miles de años luz. Y en sistemas como II Zw 096 o NGC 3256 se ven fusiones caóticas donde el polvo, los brotes estelares y el gas caliente se mezclan en un mismo vórtice cósmico.

Es especialmente interesante que muchos de estos objetos ayudan a comprender mejor nuestra propia Vía Láctea. Al estudiar cómo las barras alimentan el agujero negro central o cómo las fusiones cambian la forma de las galaxias, los científicos obtienen pistas sobre el pasado y el posible futuro de nuestro sistema. Las observaciones de rayos X son de importancia crítica: precisamente revelan las fuentes de elementos pesados que forman parte de los planetas, del aire e incluso de nuestros cuerpos.

Al contemplar estas imágenes, es difícil no sentir la magnitud de lo que ocurre. Durante miles de millones de años, la gravedad, las explosiones de supernovas, los chorros de los agujeros negros y las colisiones de sistemas estelares enteros se combinan en un cuadro único y sorprendentemente coherente. Las galaxias nacen, chocan, pierden gas, engendran nuevas estrellas y enriquecen el espacio que las rodea con materia de la que algún día pueden surgir otros mundos. Vivimos en un universo enorme, complejo y, a la vez, perfectamente interconectado, donde cada una de estas «joyas cósmicas» es solo un diminuto detalle de un mecanismo mucho más grandioso.















