Desde que en el año 2022 el telescopio espacial James Webb detectó por primera vez en el universo temprano objetos compactos de color rojo brillante, denominados «pequeños puntos rojos», los astrónomos han intentado comprender qué son. Estas fuentes de luz existieron cuando el cosmos tenía apenas unos cientos de millones de años. Parecían inusuales: densos, rojos, numerosos en corrimientos al rojo altos y casi desapareciendo más cerca de nuestra época. Una de las ideas populares los vinculaba con agujeros negros supermasivos activos en los centros de las galaxias, pero los detalles no cuadraban. La pregunta principal seguía abierta: ¿en qué se convierten cuando el universo envejece?
La respuesta comenzó a buscarse en un objeto que está mucho más cerca. La galaxia espiral WISEA J123635.56+621424.2, apodada «Saguaro» por sus largos brazos que recuerdan a los de un cactus del desierto de Sonora, existió aproximadamente 3,3 mil millones de años después del Big Bang. En su centro, los científicos descubrieron un núcleo rojo compacto, sorprendentemente similar a esos puntos lejanos. El equipo, liderado por Pierluigi Rinaldi (Universidad de Arizona, ahora en el Instituto Científico del Telescopio Espacial), estudió «Saguaro» utilizando datos de archivo de Webb y Hubble. El núcleo resultó ser más brillante en ultravioleta e infrarrojo que en luz visible, exactamente como los clásicos pequeños puntos rojos. El observatorio de rayos X Chandra registró una emisión débil que indica un núcleo galáctico activo pero muy polvoriento.
Para probar la hipótesis, los investigadores «trasladaron» a «Saguaro» en un experimento virtual a un corrimiento al rojo mucho mayor, donde vivían los primeros puntos rojos. La estructura espiral circundante desapareció de la vista, quedando solo el núcleo compacto y brillante. Esto, según los científicos, es lo que crea el efecto observacional: a grandes distancias simplemente no vemos las partes externas débiles de las galaxias, sino solo sus centros activos.
Los resultados, publicados el 29 de julio de 2026 en The Astrophysical Journal, ofrecen uno de los posibles caminos evolutivos. Los pequeños puntos rojos quizás no sean una clase separada de objetos, sino una fase temporal en la vida de los agujeros negros supermasivos que interactúan activamente con la materia circundante. «Todo lo que surgió en el universo temprano debe evolucionar hacia algo que vemos a nuestro alrededor. Ahora tenemos una forma de buscar sus descendientes», señala el coautor George Rieke.
El trabajo continúa: los científicos planean revisar los archivos de Webb para elaborar un «censo» más completo de tales objetos y comprender cómo el entorno influye en su desarrollo. Por ahora, «Saguaro» es solo un ejemplo, pero ya muestra cuán estrechamente relacionadas están las épocas. La luz que ha viajado hacia nosotros durante miles de millones de años no solo trae una imagen del pasado, sino una pista de una cadena unificada de procesos donde los compactos puntos rojos del cosmos temprano se convierten en galaxias familiares con núcleos activos. El universo resulta estar organizado de tal manera que incluso sus rincones más lejanos y misteriosos gradualmente encajan en un panorama comprensible, aunque grandioso.



