Don Pettit, un astronauta de la NASA con una trayectoria que suma casi seiscientos días en el espacio, obtuvo recientemente acceso a la totalidad de los 1.2 millones de archivos brutos de su más reciente expedición a la Estación Espacial Internacional. Entre este vasto material se encuentra una impresionante imagen de la Vía Láctea, capturada desde la cúpula de la estación con una cámara Nikon Z9 equipada con un objetivo Arri Zeiss de 15 mm. Lo que asombra de esta fotografía es la inmovilidad aparente de las estrellas, como si la estación estuviera suspendida en el vacío. Sin embargo, la realidad es que la ISS se desplaza a una velocidad aproximada de 27 mil kilómetros por hora y rota constantemente para mantener siempre una de sus caras orientada hacia la Tierra.
Star trails above and below Madagascar, photographed together from the ISS and Earth in collaboration with National Geographic's @BabakTafreshi.
Precisamente esta orientación dinámica es lo que transforma las exposiciones prolongadas en arcos de rastros estelares, un desafío bien conocido en la astrofotografía. Mientras que en la Tierra los montajes ecuatoriales compensan la rotación diurna del planeta, Pettit comprendió que para la órbita se requería una solución diferente: un dispositivo capaz de completar una rotación cada 90 minutos. Esta necesidad llevó a la creación de un rastreador estelar único, fabricado en el Instituto Tecnológico de Rochester (RIT).
El ingenioso aparato, completamente mecánico y construido en aluminio, incorporaba un sistema de resorte y un engranaje con una relación de 60 a 90. Su diseño prescindía por completo de componentes electrónicos, una decisión clave que permitió sortear las estrictas normativas de la NASA relativas a los sistemas eléctricos para la carga útil. Este enfoque puramente mecánico aseguró su viabilidad y aprobación para su uso en el entorno espacial.
Afortunadamente, el instrumento regresó sano y salvo a la Tierra tras la Expedición 72 y ahora se prepara para ser exhibido en el RIT, donde se convertirá en una pieza de interés histórico y tecnológico. Pettit recordó un episodio similar de la Expedición 6, cuando un rastreador casero previo se desintegró en la atmósfera junto con los desechos de la estación. Esta vez, la historia tuvo un desenlace mucho más favorable, consolidando el valor de su innovación.
Las imágenes logradas con este dispositivo demuestran la delgada línea entre el movimiento y la quietud. En una toma de diez segundos sin el rastreador, las estrellas aparecen difuminadas; con él, permanecen como puntos nítidos. Posteriormente, Pettit colaboró con el fotógrafo de National Geographic, Babak Tafreshi, en un proyecto que capturó rastros estelares sobre y bajo Madagascar, simultáneamente desde la órbita y la superficie terrestre. Más recientemente, publicó un "timelapse" de una maniobra de consumo óptimo de combustible, donde la estación ajustaba su orientación sobre las brillantes luces de las ciudades mediterráneas.
Don Pettit acumuló 220 días en órbita como parte de las Expediciones 71 y 72, completando junto a su tripulación más de tres mil quinientas vueltas alrededor de nuestro planeta. Para él, la fotografía es una poderosa herramienta para mostrar cómo se ve nuestro hogar desde el espacio, recordándonos que el cosmos está más cerca de lo que a menudo percibimos. El rastreador mecánico, que logró "detener" las estrellas en sus fotografías, se ha convertido, por derecho propio, en una parte fundamental de esta fascinante historia espacial.

