Un banco de caballas ojijuntas se desplaza sobre el arrecife de coral. Junto a ellas aparece un delfín. Pero no intenta atrapar a los peces ni se une a su caza.
Examina con atención el banco, elige una caballa y comienza a perseguirla. Giros bruscos, aceleración, series de chasquidos y, en algún momento, el pez asustado regurgita la presa que acababa de tragar. Eso era precisamente lo que el delfín esperaba: recoge al instante el almuerzo ajeno, y la caballa se aleja nadando.
Así caza Bubbles, un macho adulto de delfín mular que vive junto a la isla Lady Elliot, en la parte sur de la Gran Barrera de Coral.
Los científicos lo observaron durante varios años y llegaron a una conclusión sorprendente: probablemente no estamos ante un hallazgo casual de alimento, sino ante una estrategia individual que el delfín ha aprendido y repite con regularidad.
Un solo delfín, una estrategia particular
13 de septiembre de 2026 año en la revista revisada por pares Ecology and Evolution se publicó el trabajo Repeated Observations Suggesting Kleptoparasitism by a Common Bottlenose Dolphin on the Great Barrier Reef.
La investigación la llevó a cabo un equipo internacional con la participación de especialistas de la Universidad de Sunshine Coast en Australia, la Universidad Internacional de Florida, la Universidad de Southern Cross y otras organizaciones.
Los científicos reunieron grabaciones de video de los encuentros con Bubbles, realizadas durante inmersiones junto a la isla Lady Elliot entre 2021 y 2025 año.
En total, los investigadores describieron 20 episodios de búsqueda de alimento. En 11 casos la persecución terminó con la caballa regurgitando la presa que acababa de tragar, y Bubbles se la comió. En los demás episodios, la secuencia no condujo a una alimentación registrada.
Cada vez era el mismo delfín. Los científicos lo reconocían por las muescas en la aleta dorsal y por la característica cicatriz en forma de V en el costado derecho. Los empleados del complejo ecoturístico local observan a este macho al menos desde 2017 año.
En días concretos, Bubbles podía repetir la secuencia hasta diez veces en media hora:
- examinar lentamente el banco de peces;
- elegir un pez determinado;
- iniciar una persecución dirigida;
- esperar a que la caballa se libere del contenido de su estómago;
- comerse la presa regurgitada;
- volver al banco y empezar todo de nuevo.
Llama la atención que Bubbles no se comía a las propias caballas. Solo le interesaba lo que ellas habían logrado atrapar.
Cazar la caza ajena
Este comportamiento se denomina cleptoparasitismo — la obtención de alimento que ha capturado otro animal.
Esta estrategia es bien conocida en el mundo animal, sobre todo entre las aves marinas. Las fragatas y los págalos persiguen a otras aves, obligándolas a soltar o regurgitar su presa. Algunos peces, insectos y depredadores terrestres también roban comida a sus vecinos o competidores.
En los cetáceos, este comportamiento apenas había sido documentado. Los autores del nuevo trabajo consideran que las observaciones de Bubbles son la primera evidencia directa en video de cleptoparasitismo en un representante de este grupo.
Sin embargo, aquí es importante mantener la precisión científica. El estudio se centra en un solo animal. Todavía se desconoce si esta estrategia se da en otros delfines y si Bubbles puede transmitir su habilidad a sus congéneres.
Es posible que haya encontrado por sí mismo una forma poco común de procurarse alimento, cazando no a un pez pequeño y veloz, sino a un depredador mayor que ya ha hecho el trabajo principal.
Cómo elige Bubbles al pez
Antes de la persecución, el delfín movía la cabeza de un lado a otro y emitía chasquidos de ecolocalización. Después, su atención se concentraba en una sola caballa. Tras subir a la superficie para tomar aire, según las observaciones de los investigadores, Bubbles podía continuar persiguiendo al mismo objetivo.
Los científicos suponen que, mediante la ecolocalización, el delfín evalúa a los peces del banco. Pero aún no está demostrado que sea capaz de determinar realmente cuál de ellos tiene el estómago lleno.
Tampoco está claro si Bubbles comprende la relación causal entre la persecución y la reacción defensiva de la caballa tal como la describe el ser humano. Las observaciones muestran una secuencia de acciones estable, pero no permiten establecer directamente la intención del animal.
Sin embargo, la repetición reiterada de una misma estrategia a lo largo de varios años indica que no nos hallamos ante una casualidad aislada.
Bubbles, al parecer, sabe qué esperar.
El acompañamiento sonoro de la persecución
El sonido es lo que hace especialmente interesante esta historia para comprender dicho comportamiento.
En una grabación de alta calidad con una duración de 75 segundos los investigadores registraron 200 vocalizaciones del delfín. Su duración total fue de casi 33 segundos.
La mayoría —182 de la señal— correspondía a sonidos tonales breves de baja frecuencia. Surgían en series durante la persecución y cesaban después de que el jurel regurgitara el alimento. Entre esas series se oían chasquidos de ecolocalización.
Los autores sugieren con cautela que las señales intensas y repetitivas podrían aumentar aún más el estrés del pez. Pero por ahora es solo una hipótesis. La grabación confirma la coincidencia de los sonidos con la persecución, aunque no demuestra que sean precisamente ellos los que provocan la reacción defensiva del jurel.
Los chasquidos probablemente ayudan al delfín a orientarse, explorar el banco de peces y seguir la dirección de movimiento de la presa, que cambia con rapidez. El papel de las señales de baja frecuencia está aún por dilucidar.
El resultado es una escena submarina insólita: el delfín no se limita a perseguir a su presa, sino que envuelve la persecución con su propio dibujo acústico.
La personalidad bajo la superficie
A menudo hablamos del comportamiento de los animales a nivel de especie: «los delfines cazan», «las ballenas migran», «los pulpos se esconden». Pero dentro de cada especie existen individuos con su propia experiencia, sus preferencias y las soluciones que han encontrado.
Algunos delfines utilizan esponjas marinas para proteger su hocico mientras buscan alimento en el fondo. Otros levantan lodo, creando trampas en anillo para los peces. Algunos cooperan con los pescadores o se lanzan a la orilla tras su presa, calculando con precisión el momento en que regresa la ola.
Bubbles añade a esta lista su propia técnica.
Todavía no se sabe si lo inventó por sí mismo, lo aprendió de otro animal o lo consolidó poco a poco tras un episodio casual afortunado. Pero su historia muestra cómo la diversidad de comportamientos surge no solo entre especies, sino también entre seres individuales.
La evolución dota al animal de un cuerpo y de un conjunto de posibilidades. La experiencia vital ayuda a convertirlas en un arte individual.
¿De qué nos ha hecho acordarnos el océano?
Sobre que la inteligencia se manifiesta no solo al resolver las tareas propuestas por el ser humano.
Puede revelarse en la precisión del movimiento, en la capacidad de advertir una posibilidad oculta, de recordar el resultado y de repetir durante años la secuencia encontrada.
El jurel caza peces pequeños. El delfín observa al jurel. El científico observa al delfín. Cada uno sigue su propia naturaleza, pero juntos sus actos forman un único sistema vivo.
Bubbles no cambió las leyes del océano. Escuchó sus conexiones, encontró entre ellas un espacio libre y creó su propia manera de vivir.
Quizá así nace lo nuevo: un día alguien advierte una posibilidad allí donde los demás solo veían la corriente habitual de los acontecimientos.



