En las espesas selvas del Pacífico colombiano, donde la humedad es casi palpable y las lianas se enredan en los árboles como redes vivas, los lugareños han recolectado durante siglos unas vainas extrañas parecidas a plátanos pequeños. Estas plantas, conocidas como «bejuquillo» por las comunidades afrocolombianas e indígenas en su vida cotidiana y ritual, han recibido finalmente su nombre científico: Vanilla pacifica.
El descubrimiento surgió de una alianza excepcional: en 2015, los consejos comunitarios de Bahía Solano iniciaron el proyecto «Vainilla Aroma Chocó» con apoyo de la organización suiza SWISSAID para documentar y desarrollar de forma sostenible las especies locales. Cinco años después, especialistas en botánica sistemática se incorporaron a estas labores. Su paciencia se vio recompensada en 2024 cuando, durante salidas de campo con los consejos de Los Delfines, El Cedro y Río Valle, los investigadores registraron un morfotipo distinto a todas las variedades de vainilla conocidas. El cotejo de muestras con ejemplares de más de cincuenta herbarios internacionales confirmó que se trataba de una especie inédita para la ciencia, cercana genéticamente a la Vanilla planifolia comercial y a la Vanilla hartii.
La región del Chocó es uno de los rincones más húmedos y biológicamente diversos del planeta. Constituye el núcleo del hotspot de biodiversidad Tumbes-Chocó-Magdalena, un área que representa menos del 1% de la tierra firme pero concentra más del 5% de las especies conocidas del mundo. Allí todavía se conservan inmensas extensiones de selva tropical virgen donde apenas llegan carreteras o personas ajenas al territorio. Estos parientes silvestres de las plantas cultivadas albergan genes capaces de dotar a la humanidad de resiliencia frente a enfermedades y embates climáticos. Mientras que antes del proyecto se conocían ocho especies de vainilla silvestre en la región tras años de estudio, el hallazgo de la Vanilla pacifica expande este inventario de diversidad, sumado a que la revisión de herbarios permitió confirmar por primera vez la presencia de Vanilla hartii en Colombia.
La Vanilla pacifica se ha registrado únicamente a partir de muestras en tres puntos geográficos: uno en Colombia y dos en el noroeste de Ecuador. La pérdida de cualquiera de estas poblaciones representaría una catástrofe para la especie, clasificada bajo los criterios de la UICN en la categoría de «en peligro crítico» (Critically Endangered), el nivel de riesgo más elevado.
La preservación de esta nueva especie es inviable sin las comunidades locales, cuyos territorios están reconocidos como OECM (otras medidas eficaces de conservación), manteniendo niveles de deforestación mínimos gracias a sus saberes ancestrales y respeto por el bosque. Bajo el proyecto «Vainilla Aroma Chocó», la Vanilla pacifica ya forma parte de planes de manejo y monitoreo que integran la recolección silvestre con el cultivo experimental en sistemas agroforestales adaptados.
Este caso ilustra el poder de una sinergia poco común: cuando el conocimiento local acumulado por generaciones se une al método científico, logran desvelar riquezas naturales ocultas que, sin esta unión, podrían haber desaparecido permaneciendo en el anonimato para la ciencia.


