En un mundo donde el clima cambia más rápido de lo que muchas plantas pueden adaptarse, el estudio de los grupos ancestrales que han sobrevivido durante millones de años adquiere un sentido especial. En la Universidad de Tennessee, un joven científico ha recibido un prestigioso premio que permitirá analizar con mayor profundidad los mecanismos que rigen la supervivencia de la flora.

El profesor asistente Jacob Suissa, perteneciente al Departamento de Ecología y Biología Evolutiva, ha sido galardonado con el Ralph E. Powe Junior Faculty Enhancement Award otorgado por las Oak Ridge Associated Universities. La dotación de cinco mil dólares, complementada por fondos de contrapartida de la facultad, se destinará al estudio de la evolución del sistema vascular de los helechos. La investigación se apoya en el nuevo microscopio de rayos X de la universidad y en técnicas de aprendizaje automático para el análisis de imágenes.
Suissa plantea cómo el desarrollo biológico influye en la aparición de nuevas formas y funciones en las plantas. Los helechos, cuyos ancestros ya existían en el periodo Devónico, sirven como un modelo ideal: sus tejidos conductores —un sistema de conductos que transporta agua y nutrientes— evolucionaron en condiciones muy diferentes a las actuales. Comprender estas transformaciones ayuda a explicar por qué ciertas especies han persistido mientras otras han desaparecido.
La vertiente práctica de este trabajo es evidente. Cuando el sistema vascular de una planta se ve afectado, esta se enfrenta a graves amenazas para su supervivencia. Los conocimientos sobre cómo puede evolucionar dicho sistema serán de gran utilidad para el desarrollo de cultivos agrícolas resilientes y para evaluar la capacidad de las especies silvestres de sobrevivir al calentamiento y las sequías. Además, el estudio del impacto del desarrollo en la aparición de nuevos rasgos contribuye a la creación de modelos predictivos sobre la evolución en su conjunto.
Suissa es un botánico de formación clásica que investiga la evolución de las plantas en el tiempo profundo y ante los desafíos del cambio global. También es curador de la colección de helechos del herbario de la universidad y dirige Let’s Botanize, una organización educativa sin fines de lucro cuyo objetivo es fomentar el interés por las plantas para combatir la crisis de biodiversidad y climática.
El premio Powe se otorga a profesores asistentes que no lleven más de dos años en su trayectoria hacia la titularidad o tenure-track. Su concesión resalta el potencial del investigador y, al mismo tiempo, refuerza la misión de la Facultad de Artes y Ciencias de promover investigaciones de vanguardia. En un contexto donde las plantas constituyen la base de las cadenas alimentarias y regulan el clima del planeta, el apoyo a estos proyectos representa una contribución a la sostenibilidad a largo plazo de los ecosistemas.
El respaldo a los jóvenes botánicos que estudian los antiguos mecanismos de supervivencia vegetal ayuda a predecir con mayor precisión qué especies podrán adaptarse a las condiciones futuras y ofrece herramientas prácticas para preservar la cubierta verde de la Tierra.


