Un reciente descubrimiento de físicos y químicos de la Universidad Estatal de Pensilvania ha cambiado radicalmente la perspectiva sobre la interacción entre los bosques y la atmósfera terrestre. Los científicos hallaron que, durante las tormentas intensas, los árboles no se limitan a recibir pasivamente los embates del clima, sino que se transforman en potentes generadores naturales de descargas eléctricas y compuestos químicos activos, reconfigurando por completo el aire a su alrededor.
Este fenómeno se fundamenta en un proceso físico conocido como descarga de corona. Cuando los potentes campos eléctricos se concentran en el cielo antes de la tormenta, se produce una tensión masiva en las puntas de las hojas. Esto provoca la ionización del aire circundante y la aparición de un tenue resplandor púrpura, frecuentemente invisible al ojo humano, que está físicamente emparentado con el célebre «fuego de San Telmo».
No obstante, el principal hallazgo para los investigadores no fue la electrificación en sí, sino sus vastas consecuencias químicas. En el momento en que ocurre la descarga de corona, la corriente eléctrica descompone las moléculas de agua y oxígeno del aire, iniciando una cadena de reacciones intensas. Como resultado de este proceso, las copas de los árboles comienzan a emitir masivamente radicales de hidroxilo (\text{OH}) y radicales de hidroperoxilo (\text{HO}_2).
El ciclo de vida de estas moléculas es extremadamente breve, pues solo existen durante fracciones de segundo, pero poseen un inmenso poder oxidante. En el ámbito de la química atmosférica, los radicales de hidroxilo son denominados los «detergentes del planeta». Al integrarse en el aire, atacan y destruyen de inmediato los gases de efecto invernadero, los compuestos orgánicos volátiles y diversos contaminantes, saneando el espacio aéreo en torno a las masas forestales.
Previo a este descubrimiento, los climatólogos y ecologistas solo tomaban en cuenta los radicales generados en la atmósfera por la acción de la radiación ultravioleta del sol al evaluar la pureza del aire. El hecho de que los ecosistemas forestales sean capaces de producir por cuenta propia volúmenes ingentes de sustancias purificadoras durante la noche y en condiciones de tormenta ha resultado ser una sorpresa total para la ciencia.
Actualmente, los investigadores se centran en el desarrollo de modelos informáticos que permitan determinar con exactitud el impacto del «trabajo eléctrico» de los bosques mundiales en el clima global. Una cosa es segura: los árboles han demostrado ser participantes mucho más activos en los procesos climáticos de lo que se pensaba, y una tormenta forestal no es solo un fenómeno meteorológico extremo, sino un proceso global de purificación planetaria.
