Dos hombres cuyos nombres suelen asociarse con estrenos de Hollywood y viajes espaciales se han unido inesperadamente para una misión muy diferente: rescatar a cien de las especies más vulnerables del planeta del borde de la extinción. El Proyecto Phoenix Species, lanzado el 4 de agosto de 2026, recibió un presupuesto de 200 millones de dólares del fondo Re:wild de Leonardo DiCaprio y Bezos Earth Fund de Jeff Bezos. El dinero se destinará a salvar mamíferos, aves, anfibios, reptiles, peces, invertebrados e incluso plantas en treinta países de cinco continentes.
La lista incluye especies ya extintas en estado salvaje, como el cuervo hawaiano y el martín pescador de Guam, así como aquellas cuya existencia pende de un hilo: el sifaka de coronilla dorada en Madagascar, la salamandra de Carolina del Norte, el pangolín malayo, la iguana rosada de Galápagos e incluso la diminuta planta suculenta africana llamada «ombligo peludo». Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el número de especies animales en peligro crítico ha superado las cuatro mil, casi cinco veces más que a principios de siglo. El proyecto tiene la intención de trabajar a través de más de cien socios locales: comunidades locales, pueblos indígenas, gobiernos y organizaciones científicas.
La financiación permitirá lanzar programas de cría en cautividad, reubicación, lucha contra especies e invasoras y enfermedades. A diferencia de muchos anuncios ruidosos, el énfasis aquí no está en las grandes declaraciones, sino en acciones concretas en ecosistemas específicos. La vicepresidenta de Bezos Earth Fund, Lauren Sánchez-Bezos, subrayó: los niños se enamoran de los animales salvajes mucho antes de saber de la amenaza de su extinción. La cuestión es qué les responderemos cuando el loro nocturno o el sifaka ya no existan.
La iniciativa surge en un contexto de debilitamiento de la legislación estadounidense sobre especies en peligro de extinción. El capital privado está asumiendo un papel que el Estado deja cada vez más desatendido. No se trata solo de filantropía, es un intento de preservar la diversidad genética y funcional de la que dependen ecosistemas enteros y, en última instancia, la estabilidad climática y las cadenas alimentarias de la humanidad.
Cada especie salvada no es solo la recuperación de un organismo, sino también la restauración de complejas interconexiones: polinizadores, dispersores de semillas, reguladores de poblaciones de insectos. Cuando desaparece un elemento, toda la red empieza a resquebrajarse. El Proyecto Phoenix Species demuestra que las inversiones privadas a gran escala pueden acelerar el trabajo donde los mecanismos estatales se atascan.
El éxito real no se medirá por el número de comunicados de prensa, sino por cuántas especies dentro de diez o quince años ocuparán de nuevo su lugar en las comunidades naturales. La lección principal es simple: la conservación de la biodiversidad requiere financiación sostenible y una estrecha colaboración con quienes viven cerca de estas especies cada día.

