Cuando el fundador de la exitosa empresa fintech Ebury, parcialmente propiedad de Santander, deja el mundo de los pagos digitales e invierte capital en el procesamiento de pistachos, no parece simplemente un cambio de sector, sino un replanteamiento de hacia dónde se dirigen hoy el dinero y las habilidades de escalamiento.
Salvador García, junto con David Soler, lanzó en 2022 Víridi Horizons, una empresa con integración vertical completa: desde el vivero hasta la producción de pasta de primera calidad en una nueva fábrica en Alcobendas. Ya poseen 1200 hectáreas, otras tantas bajo gestión, y el objetivo es 5–10 mil hectáreas en los próximos tres años. La previsión de ingresos para el año actual es de un millón de euros, duplicándose en 2027.
Los pistachos en España están experimentando un auge: en una década, las superficies se han multiplicado por más de 13, pero el país aún produce solo el 1 % del volumen mundial. Mientras tanto, el mercado europeo demanda hasta 200 mil toneladas anuales, y el producto español es valorado por su sabor y calidad por encima del californiano o iraní. Es esta brecha entre oferta y demanda, junto con la resistencia a la inflación y la limitación de tierras adecuadas, lo que ha atraído la atención de inversores del sector fintech.
García traslada a la agricultura la lógica del negocio de plataformas: no solo cultivar, sino controlar toda la cadena, desde las semillas hasta los ingredientes para chocolate, helados y pastas. Se creó Víridi Application Lab junto con la Universidad Politécnica de Madrid para desarrollar componentes premium y competir con el italiano Bronte. Cuatro divisiones — capital, gestión agrícola, procesamiento e ingredientes — permiten capturar el margen que antes iba a los intermediarios.
Para el inversor, este proyecto es una alternativa a los activos tradicionales: rentabilidad a largo plazo superior a muchos cultivos, riesgo agronómico controlable y demanda creciente en China e India. Además, el dinero no solo trabaja para obtener beneficios, sino también para revitalizar las zonas rurales, creando empleo e infraestructura donde antes solo había abandono.
La historia de Víridi Horizons muestra cómo el capital ganado en la economía digital regresa al sector real con nuevas herramientas de profesionalización. Los pistachos dejan de ser simplemente un fruto seco y se convierten en una clase de activo donde se combinan la estabilidad de la tierra y el potencial de escala.
Cuando el próximo empresario exitoso se pregunte dónde invertir los fondos obtenidos de fintech, la respuesta puede no estar en otra aplicación, sino en hectáreas que dentro de diez años generarán márgenes premium y productos reales en las mesas de toda Europa.


