El fundador de Colossal Biosciences, Ben Lamm, entró por primera vez en Forbes 400. Su fortuna se estima en unos $5,7 mil millones — y la ganó con un negocio que hasta hace poco habría sonado como el argumento de una película de ciencia ficción. Colossal se dedica a las tecnologías de «desextinción»: la recreación genética de rasgos de animales desaparecidos, incluidos el mamut lanudo, el dodo y el tigre de Tasmania.
Pero Lamm no se limitó a los mamuts. Del ecosistema de Colossal nació el proyecto Astromech — una empresa de IA creada junto con el genetista George Church. Sus modelos deben analizar enormes conjuntos de datos biológicos e intentar predecir cómo pueden cambiar sistemas biológicos enteros: desde cambios evolutivos hasta riesgos de enfermedades y vulnerabilidades de los organismos vivos.
En agosto, Astromech atrajo otros $20 millones de inversión, elevando el volumen total de financiación a $60 millones; entonces la empresa fue valorada en unos $3,8 mil millones. La base para los modelos fueron, entre otros, los datos únicos acumulados por Colossal durante su trabajo con genomas de especies desaparecidas y actuales.
Se produce una curiosa evolución del propio negocio: primero aprender a devolver animales del pasado y luego intentar calcular hacia dónde avanzará la vida.
Al parecer, la humanidad ya no se conforma con el pronóstico del tiempo. Ahora hemos decidido predecir la evolución.


