Cinco medallas en la Exposición Internacional de Invenciones de Ginebra no son solo un trofeo deportivo para los ingenieros saudíes. Detrás de cada galardón hay un cálculo: que la innovación se convierta en activos reales capaces de generar ingresos durante décadas, en lugar de depender de las fluctuaciones de los precios del petróleo.
El programa «Productos Industriales y Mineros Innovadores» del Ministerio de Industria y Recursos Minerales de Arabia Saudí selecciona deliberadamente ideas que puedan llevarse hasta la producción industrial. La medalla de oro con distinción fue para la inventora Badur Saig por su «auricular inteligente para peregrinos», un dispositivo que traduce el habla en tiempo real sin internet, monitoriza el estado de salud y ayuda a gestionar multitudes enormes. Este tipo de soluciones tiene demanda no solo durante el hach, sino también en cualquier evento multitudinario del mundo, lo que abre el camino a la exportación de tecnología.
La medalla de plata fue para Amel Hamed al-Balui por sus «bolsas de sangre inteligentes», en las que la nanotecnología permite verificar la seguridad del material donado directamente en el lugar. Esto reduce los riesgos en medicina y, al mismo tiempo, crea un nuevo mercado de insumos médicos. Dos medallas de bronce —por el procesamiento de residuos de bauxita en productos valiosos y por un filtro de café con inteligencia artificial— muestran cómo incluso los sectores tradicionales pueden volverse más rentables gracias a la propiedad intelectual.
Es especialmente notable otra medalla de oro con distinción y el premio especial de Ginebra, que recibió Razan Salem Bahbri por un entrenador interactivo de guante para la rehabilitación tras un ictus. Es la primera vez que un inventor saudí recibe semejante galardón. El dispositivo permite realizar la recuperación a distancia, lo que reduce los costos sanitarios y abre un potencial de exportación hacia países con un número creciente de pacientes de edad avanzada.
Los cinco proyectos cuentan con apoyo estatal precisamente para acelerar la transición de un modelo basado en materias primas a una economía del conocimiento. El programa ya ha recibido más de 160 ideas, de las cuales decenas están vinculadas con socios del sector empresarial y público. Los inversores y los industriales obtienen acceso a desarrollos listos, y los inventores, a financiación y mercados de venta. Al final, no solo gana el presupuesto, sino también ganan los capitales privados que antes buscaban rentabilidad únicamente en el sector del petróleo y el gas.
Esta estrategia recuerda a cómo el agua que fluye por nuevos cauces va transformando poco a poco el paisaje: primero aparecen riachuelos de patentes y startups, después, sectores completos. Arabia Saudí apuesta claramente a que la propiedad intelectual se convierta en una de las principales fuentes de riqueza nacional ya en los próximos años.
Cuando un país invierte en personas capaces de convertir ideas en productos, no se compra solo medallas, sino una sostenibilidad financiera a largo plazo.


