A veces ni la clase business salva de las decepciones.
El actor John Barrowman, conocido por el público por las series 'Doctor Who', 'Torchwood' y 'Mujeres Desesperadas', se encontró en el centro de una historia bastante divertida después de un vuelo de American Airlines de Los Ángeles a Londres.
Barrowman volaba junto con su esposo y su padre, y contaba de antemano con ese servicio premium por el cual los pasajeros compran billetes caros. Asiento espacioso, buena comida, comodidad, atención de la tripulación: todo como corresponde.
Pero la mayor decepción resultó ser... el pijama.
Según el actor, le informaron que los conjuntos para dormir solo habían llegado a los pasajeros de las primeras filas de la clase business. Barrowman estaba claramente sorprendido: si el billete cuesta varios miles de dólares, ¿por qué un pasajero recibe pijama y otro ya no?
Las aventuras no terminaron ahí.
El actor también se quejó de que le trajeron no exactamente el pedido que había hecho, y algunos platos disponibles para otros pasajeros ya se habían acabado cuando llegó su turno.
Al final, Barrowman grabó un video emotivo directamente desde la cabina del avión y se dirigió a la aerolínea. En su opinión, si el transportista vende el producto como premium y 'insignia', entonces el nivel de servicio debería corresponder al precio del billete.
Internet, por supuesto, no pudo pasar por alto.
Algunos usuarios consideraron la situación increíblemente divertida: mientras millones de personas sueñan con conseguir simplemente un asiento junto a la ventana, una celebridad se indigna por la falta de pijama en la clase business.
Otros se pusieron del lado del actor.
Y su argumento también es bastante comprensible: si uno paga una suma enorme precisamente por un mayor confort y un servicio especial, tiene derecho a esperar lo que se anunció al comprar.
Hay, sin embargo, un detalle importante: las reglas de American Airlines no garantizan pijamas en absolutamente todos los vuelos internacionales de clase business; la aerolínea vincula su entrega principalmente a ciertas rutas de ultra larga distancia. Por lo tanto, la disputa no fue tanto sobre el pijama en sí, sino sobre qué exactamente tiene derecho a esperar un pasajero al pagar por una clase business cara.
Así, un vuelo transatlántico ordinario se convirtió en un pequeño drama con comida, clase business y el héroe más inesperado: un conjunto de pijama.
Quizás la moraleja de esta historia es simple:
incluso a diez mil metros de altura, la felicidad a veces depende de cosas muy terrenales. Por ejemplo, de si te tocó el pijama.

