En Lisboa, Portugal comenzó la defensa del título en la Liga de Naciones con una victoria mínima sobre Gales, y el gol decisivo no lo marcó el capitán, sino João Félix. Su disparo en el minuto 22, con un desvío en Ben Davies, fue el único en el marcador, aunque los locales realizaron más de veinte remates.
Cristiano Ronaldo, para quien este fue su partido número 234 con la selección, creó más ocasiones que nadie, pero ninguna terminó en gol. Una de ellas fue anulada tras la intervención del VAR por fuera de juego, y otra se fue a la red por el lateral. En el año 41 sigue siendo titular, pero el equipo ya no se construye únicamente en torno a él.
El nuevo entrenador, Jorge Jesus, comenzó su trabajo con una victoria, y no es casualidad. Portugal controló el balón y el territorio, pero le faltó mordiente precisamente en la fase final. Félix, compañero de Ronaldo en el Al-Nassr, demostró que el juego colectivo puede compensar la falta de precisión individual del capitán.
Gales, bajo la dirección de Craig Bellamy, se mostró organizado y peligroso en los contragolpes. Brennan Johnson y Lewis Koumas estuvieron a punto de empatar en los minutos finales, pero la defensa de Portugal, liderada por Rúben Dias, resistió. Para los galeses, esta derrota fue un recordatorio de la diferencia de nivel, pero también de su propia entereza.
El partido mostró cómo está cambiando Portugal: de una leyenda que se niega a marcharse a un equipo en el que hay que ganarse un puesto en el campo cada vez de nuevo. Ronaldo aún marcará sus goles, pero ya está claro que la victoria no depende solo de él.

