En el mismo centro de nuestra galaxia, tras densas nubes de polvo interestelar, se ocultó durante décadas uno de los objetos más antiguos que hemos logrado vislumbrar. El cúmulo globular VVV CL001, descubierto en 2010 en el marco del estudio VISTA Variables in the Vía Láctea, permaneció largo tiempo como un enigma. Es demasiado tenue, demasiado pequeño y está demasiado oscurecido como para medir con precisión su distancia y su edad. Ahora, un equipo de astrónomos dirigido por H. Olivares Carvajal, del observatorio de Capodimonte (INAF), ha logrado atravesar ese velo de polvo.
Los resultados de la investigación se exponen en el artículo «VVV CL001: A strong candidate for the most ancient star cluster in the Galaxy», publicado el 20 de octubre de 2026 en el servidor de preprints arXiv y ya aceptado para su publicación en la prestigiosa revista Astronomy & Astrophysics. El trabajo fue realizado por un amplio grupo internacional de científicos, incluidos especialistas de Chile, Italia y otros países. Es precisamente esta publicación la que por primera vez ofrece estimaciones tan precisas y coherentes de los parámetros clave del cúmulo.
El cúmulo se encuentra en dirección al bulbo galáctico, la densamente poblada región central de la Vía Láctea. El polvo aquí es tan denso que las observaciones ópticas habituales resultan casi inútiles. Antes, distintos grupos obtenían estimaciones muy divergentes de la distancia y, por tanto, de la órbita. Algunos incluso dudaban de si realmente pertenecía al bulbo o era un intruso procedente de regiones externas. La ausencia de estrellas variables del tipo RR Lyrae, que suelen emplearse como «candelas estándar», no hacía sino complicar la tarea.
Los investigadores tomaron imágenes infrarrojas profundas con la cámara FourStar del telescopio Magallanes de 6,5 metros y las combinaron con datos del telescopio espacial «Hubble», menos afectados por la absorción del polvo. Mediante mediciones precisas de los movimientos propios de las estrellas y algoritmos de aprendizaje automático, identificaron alrededor de 155 miembros genuinos del cúmulo. Entre ellos se logró fijar por primera vez de forma fiable estrellas en la rama horizontal y en el punto de giro de la secuencia principal, etapas clave de la evolución a partir de las cuales se determina la edad y la distancia.
La comparación con modelos teóricos de evolución estelar arrojó una distancia de 7,34 kiloparsecs (aproximadamente 24 mil años luz) con el margen de error más pequeño hasta la fecha. Esto sitúa con seguridad a VVV CL001 dentro del bulbo. Y la edad resultó ser de 13,4 ± 0,4 mil millones de años. A modo de comparación: la edad del propio Universo se estima en unos 13,8 mil millones de años. Resulta, pues, que este cúmulo se formó en los primeros cientos de millones de años tras el Big Bang.
La composición química no hace sino reforzar la impresión. La metalicidad [Fe/H] ≈ –2,2 es una de las más bajas entre los cúmulos globulares conocidos del bulbo. Tales objetos pobres en metales suelen considerarse reliquias de las etapas más tempranas de la formación de la galaxia. Los cálculos orbitales lo confirman: el cúmulo pertenece a la región interna de la Vía Láctea y, muy probablemente, se formó in situ y no fue capturado posteriormente.
La novedad del trabajo radica en varios aspectos a la vez. En primer lugar, se ha obtenido la estimación más precisa hasta hoy de la distancia a este objeto tan oscurecido. En segundo lugar, por primera vez se han determinado de forma fiable las estrellas de etapas evolutivas clave, lo que permitió conciliar dos métodos independientes de determinación de la edad y obtener un resultado con un margen de error pequeño. En tercer lugar, los datos indican que VVV CL001 podría ser no solo uno de los más antiguos, sino el cúmulo globular más antiguo de toda nuestra galaxia, especialmente entre los objetos del bulbo. Esto amplía sustancialmente las ideas sobre las etapas más tempranas del ensamblaje de la Vía Láctea y sobre la rapidez con que pudieron formarse en ella sistemas estelares densos.
Si la edad es realmente cercana a los 13,4 mil millones de años, la galaxia debió de lograr formar tales objetos prácticamente inmediatamente después del nacimiento del Universo. Los astrónomos ya planean observaciones espectroscópicas de alta resolución para precisar la composición química y confirmar definitivamente los resultados.
Detrás de esta fría cifra de 13,4 mil millones de años se esconde algo mucho mayor. En el caos del Universo temprano, cuando las primeras estrellas apenas comenzaban a enriquecer el espacio con elementos pesados, ya había logrado nacer un cúmulo denso y estable que sobrevivió a todo el posterior y agitado desarrollo de la galaxia. Gira apaciblemente junto a su mismo corazón, oculto por el polvo, y guarda en sí la memoria de tiempos en que el cosmos era muy distinto. Cada uno de estos objetos es un archivo vivo que nos recuerda que existimos en un mundo de una complejidad y una profundidad increíbles, donde incluso en los rincones más oscuros de nuestra propia galaxia siguen revelándose testimonios de su grandioso comienzo.




