La reunión sobre el atún rojo del sur no introdujo nuevas medidas de protección para las aves marinas

Editado por: Svitlana Velhush

En la reunión anual de la Comisión para la Conservación del Atún Rojo del Sur en Bruselas, los países participantes identificaron especies prioritarias de aves marinas y zonas de alto riesgo, pero no llegaron a adoptar medidas obligatorias para reducir la captura incidental. Esta decisión, tomada del 5 al 8 de octubre de 2026, deja sin cambios el antiguo problema de la muerte de albatros y petreles en los anzuelos del palangre.

El atún rojo del sur (Thunnus maccoyii) habita en las aguas del hemisferio sur, y su pesca la realizan grandes palangreros que al mismo tiempo calan miles de anzuelos. Las aves, atraídas por el cebo, se enganchan en los aparejos y se ahogan. Se estima que en los mares del sur mueren cada año alrededor de treinta mil aves marinas a causa del palangre, aunque las cifras exactas para la especie concreta de atún no existen debido a la insuficiencia de datos.

La Comisión identificó trece especies prioritarias —principalmente albatros, muchos de los cuales ya tienen estatus de protección según la clasificación de la UICN— y señaló once cuadrículas de 5×5 grados como zonas de riesgo elevado. Sin embargo, estas designaciones quedaron sin requisitos obligatorios: no se adoptó ni un monitoreo reforzado ni la aplicación obligatoria de las medidas «tres de tres» (líneas espantapájaros, calado nocturno de los aparejos, lastrado de los ramales).

Taiwán se opuso a la propuesta de Australia y Nueva Zelanda, mientras que Japón y Corea del Sur expresaron reservas. Las decisiones en la comisión se toman por consenso, por lo que basta un solo discrepante para bloquear las medidas. Los participantes alegaron la necesidad de un análisis adicional del impacto sobre la pesquería, aunque requisitos similares ya están en vigor en otras organizaciones regionales de atún.

Mientras tanto, las poblaciones del propio atún se están recuperando: la cuota total admisible para los años 2027–2029 aumentó en tres mil toneladas. Esto demuestra que el enfoque científico para la gestión de las poblaciones funciona cuando se trata de la especie objetivo. Sin embargo, las especies ecológicamente asociadas —las aves marinas— quedan fuera de la misma atención, aunque su muerte está directamente relacionada con los métodos de pesca.

La situación recuerda a una avería en un sistema complejo: mientras un elemento —la población de atún— vuelve a la normalidad, otro —la comunidad de aves oceánicas— sigue perdiendo efectivos. Sin acciones obligatorias en las zonas de riesgo y sin control sobre las normas ya existentes, el progreso queda solo sobre el papel.

Los organismos internacionales de pesca pueden proteger eficazmente los ecosistemas marinos si los países miembros aplican estándares igualmente estrictos a todas las especies asociadas, y no solo a las comercialmente valiosas.

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Fuentes

  • Nations at southern bluefin tuna meeting stop short of adopting new seabird protections

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