En las aguas de la costa de Yorkshire han vuelto a aparecer atunes rojos, peces gigantescos que no se veían aquí desde la década de 1960. Dos ejemplares de más de 300 kilogramos cada uno fueron capturados en agosto de 2026 cerca de Whitby, y este suceso se ha convertido en una señal notable de cambios en el ecosistema del mar del Norte.
En la década de 1930, cerca de Scarborough y Whitby, floreció la famosa pesca del «tunny»: incluso estrellas de Hollywood venían aquí para probar suerte con estos enormes peces. Hacia la década de 1960, los atunes desaparecieron; los culpables fueron la sobrepesca y la drástica reducción de las reservas de arenque, su principal presa. Décadas de estricta regulación internacional de cuotas han permitido que la población se recupere, y ahora los peces regresan a sus antiguos hábitats.
Científicos de la Universidad de Exeter marcaron cinco atunes cerca de Whitby para rastrear sus migraciones. Estos ejemplares resultaron ser más grandes que los que se encuentran en la costa sur de Inglaterra y, posiblemente, pertenecen a un grupo genético diferente. Según los investigadores, el regreso no solo está relacionado con el aumento de la población de arenque, sino también con los cambios en el mar del Norte, cuyas aguas se han calentado notablemente en las últimas décadas.
Casos como este muestran cómo una gestión cuidadosa de las reservas pesqueras es capaz de devolver a las especies a sus territorios históricos. Cuando la población de arenque comenzó a recuperarse tras la prohibición de su pesca en la década de 1970, los atunes volvieron a encontrar aquí una abundante base alimenticia. No es una casualidad, sino el resultado de decisiones coherentes tomadas a nivel internacional.
La recuperación del ecosistema del mar del Norte no solo afecta a pescadores y científicos. Nos recuerda que las comunidades marinas están estrechamente entrelazadas: la desaparición de un eslabón de la cadena provoca una reacción en cadena, mientras que su regreso brinda una oportunidad a todo el sistema. Los atunes, como viajeros que regresan a sus aguas natales, ilustran cuán sensibles son los océanos a nuestras acciones.
Detrás de este regreso no solo hay suerte, sino también décadas de esfuerzos para limitar la pesca y proteger las zonas de desove en el mar Mediterráneo. Ahora es fundamental mantener el equilibrio para que la población siga creciendo sin riesgo de agotarse de nuevo.

