En el Parque Phoenix de Dublín, que recibe alrededor de diez millones de visitantes al año, las damas (Dama dama) ya se han acostumbrado a acercarse a la gente con la esperanza de recibir una golosina. Lo que comenzó como un deseo inocente de dar de comer a un animal se ha convertido en un problema persistente: los ciervos han aprendido a mendigar comida incluso a quienes no tienen nada, lo que aumenta el riesgo de propagación de enfermedades, agresión y accidentes de tráfico.
Un estudio de siete años, realizado en el parque de 2018 a 2024, mostró lo difícil que es cambiar el comportamiento humano. Los científicos probaron tres campañas diferentes para reducir la alimentación. La primera, en 2019, se basó en letreros, carteles y patrullas reforzadas de guardabosques, y dio lugar a una disminución notable de los casos. Sin embargo, en 2020, la pandemia interrumpió todos los planes, y en 2021, las redes sociales y las cartas a los «ciervos de Santa Claus» solo redujeron temporalmente la actividad de los visitantes.
Para 2022, el nivel de alimentación no solo regresó al nivel inicial, sino que lo superó. La campaña más ambiciosa de 2024, en la que se invirtió siete veces más dinero y se involucró a la televisión, la radio y las celebridades, no tuvo ningún efecto. La gente parecía haber dejado de notar los letreros, y los turistas extranjeros no se veían afectados por los mensajes locales en las redes sociales.
El estudio también reveló otras razones de los fracasos: algunas páginas populares en internet, por el contrario, fomentaban la alimentación, y los picos estacionales y diarios de visitantes coincidían con la mayor actividad de los ciervos machos. Los datos se recopilaron mediante dos métodos independientes: la observación de grupos de ciervos los fines de semana y encuestas regulares durante todo el año, lo que permitió rastrear los patrones estacionales.
Los autores enfatizan que, sin una información constante y «siempre activa», incluso las medidas exitosas pierden rápidamente su eficacia. Recomiendan involucrar a psicólogos sociales y especialistas en marketing en el desarrollo de campañas, así como considerar programas educativos a largo plazo para los residentes locales. Las acciones únicas, como se ha visto, no cambian los hábitos profundos.
Por lo tanto, la protección de los animales salvajes contra la intervención humana innecesaria requiere no esfuerzos puntuales, sino un trabajo sistémico y continuo.


