En el estado indio de Bengala Occidental, la hiena rayada convive estrechamente con los humanos, pero la mayoría de los residentes locales apenas la reconocen. Un nuevo estudio, publicado en la revista Oryx, revela cómo el estilo de vida esquivo de este animal genera lagunas de conocimiento y dificulta los esfuerzos para su conservación.
Científicos encuestaron a 104 residentes de dos bloques del distrito de Purulia. A los participantes se les mostraron fotografías de cinco depredadores y se les pidió que describieran su apariencia, alimentación, comportamiento y hábitat. La mayoría identificó correctamente al leopardo, al chacal dorado y al zorro de Bengala, pero solo el 39 por ciento de los encuestados reconoció a la hiena rayada.
Su modo de vida solitario, nocturno y furtivo reduce drásticamente las posibilidades de encuentros directos, por lo que las observaciones que existen se entremezclan con el folclore, los rumores y casos dramáticos aislados.
La confusión surge incluso con su nombre. Algunos se refieren a la hiena como “gaadha”, un gran animal nocturno y solitario que se alimenta de carroña y habita cerca de ríos, cementerios y lugares de cremación.
Otros la ven como “kuiyu”, un feroz cazador que vive en manada y es capaz de atacar a personas y animales grandes. Las descripciones de “kuiyu” a menudo no coinciden con la biología de la especie y se basan en relatos de ancianos o en episodios negativos aislados que adquieren una influencia desproporcionada.
El papel de la hiena como carroñera se percibe de manera especialmente ambigua. Aunque muchos reconocen que elimina cadáveres en descomposición y disminuye el riesgo de enfermedades, cuando esta actividad ocurre cerca de aldeas o en lugares de entierro, surge el miedo a la contaminación y la inquietud espiritual. Algunos creen que el consumo de carroña vuelve al animal “loco” y agresivo.
Los autores del estudio recalcan que las medidas habituales para reducir conflictos, como compensaciones o cercados, son insuficientes en este caso. Es fundamental considerar cómo el animal se integra en las narrativas, miedos y percepciones locales. Se recomienda implementar programas educativos a nivel local con materiales audiovisuales que ayuden a diferenciar la hiena de otros depredadores y a comprender su comportamiento real.
La conservación de la hiena rayada exige no solo protegerla del daño directo, sino también abordar y trabajar con las imágenes culturales que se han forjado en torno a ella.
