Antes de las primeras palabras: cuándo el niño empieza a experimentar el mundo

Autor: Elena HealthEnergy

Antes de las primeras palabras: cuándo el niño empieza a experimentar el mundo-1
El toque del alma

¿Cuándo comienza nuestro mundo interior? ¿Con el primer aliento, el primer contacto, una voz conocida? La investigación del cerebro infantil acerca poco a poco a la ciencia a esta pregunta. Ya al nacer se descubren en el cerebro algunas particularidades de organización que en los adultos se relacionan con la percepción consciente. Y algunas reacciones a los sonidos aparecen incluso en las últimas semanas de embarazo. Lo más difícil es comprender cuándo surge la experiencia detrás del procesamiento de la información: cómo es oír, sentir, ser.

En una revisión publicada en Neuron en 2024, la filósofa e investigadora de la conciencia Claudia Passos-Ferreira, de la Universidad de Nueva York, contrastó datos neurofisiológicos y conductuales. Según su valoración, el conjunto de los resultados respalda la hipótesis de que los recién nacidos ya poseen experiencia consciente. Se trata de la capacidad de sentir algo subjetivamente; las reflexiones sobre uno mismo y la habilidad de describir los propios sentimientos pertenecen a otras capacidades más complejas.

Uno de los experimentos más curiosos comienza con sonidos repetidos. En un estudio de 2021, los científicos registraron señales magnéticas del cerebro en 56 fetos de entre 25 y 40 semanas. Les presentaron secuencias de tonos en las que a veces se alteraba la regularidad habitual. A partir de las 35 semanas, los investigadores detectaron indicios más consistentes de reconocimiento de cambios en la estructura de las secuencias repetidas. Los autores lo interpretaron como posible evidencia de procesamiento consciente. Al mismo tiempo, subrayaron por separado: con estos datos no es posible establecer la semana exacta en que surge la conciencia.

Aquí hay un matiz importante. El cerebro es capaz de notar automáticamente un sonido inusual aislado. Una tarea más compleja es captar la violación de una regla que se compone de varias secuencias sonoras. Precisamente las reacciones a tales violaciones atraen a los investigadores de la conciencia. Sin embargo, queda una explicación alternativa: un cerebro inmaduro puede percibir toda una secuencia como un único sonido, y entonces la respuesta refleja un reconocimiento más simple de la novedad. Por eso los resultados de los estudios intrauterinos aún admiten distintas interpretaciones.

Otro camino hacia la respuesta es el estudio de cómo se comunican entre sí las áreas del cerebro. En un trabajo de Huiqing Hu, Rodri Ciusac y Lorina Naci, publicado en Brain Communications en 2022, se analizaron imágenes de resonancia magnética funcional de 282 niños nacidos a término y de dos grupos de prematuros, con 73 exploraciones en cada uno.

Hacia el término del embarazo, los investigadores ya distinguían las redes de atención, de control ejecutivo y de modo pasivo del funcionamiento cerebral. En los adultos, estos sistemas participan en la distribución de la atención, la organización del procesamiento de la información y los procesos dirigidos hacia el interior. En los bebés, su organización difería de la adulta, y el nacimiento prematuro se asociaba con cambios en la organización de las redes. En las exploraciones realizadas en etapas más tempranas, de estas tres redes solo se distinguía con claridad la red de atención. Es evidencia de la maduración de una posible infraestructura de la conciencia; el contenido de las experiencias del niño queda abierto con este tipo de escaneo.

¿Cómo reunir estos indicios dispersos en un cuadro convincente? Joel Fröhlich y Tim Bain proponen un enfoque «de conglomerado». Su lógica es sencilla: la certeza aumenta cuando varios indicadores independientes convergen en un mismo período de edad. Entre ellos están la interacción de las redes cerebrales, las reacciones a la violación de regularidades complejas y la integración de información procedente de distintos órganos de los sentidos.

En una minirrevisión publicada en línea en 2024 e incluida en el número de Acta Paediatrica de 2025, los autores concluyen que la conciencia probablemente está presente a los cinco meses, y quizá mucho antes. Los datos sobre las redes cerebrales hacen verosímiles breves períodos de experiencia consciente ya al nacer o poco después. La posibilidad de experiencias antes del nacimiento sigue siendo más discutida.

Aquí radica la principal paradoja: la capacidad de experimentar el mundo puede aparecer mucho antes que la capacidad de comunicar lo vivido. Para el investigador, el habla es una evidencia cómoda de conciencia. La edad infantil exige aprender a leer otras evidencias y tener en cuenta que señales similares en un adulto y en un niño pueden surgir gracias a mecanismos distintos.

Esta discusión tiene un lado muy práctico. En la asistencia neonatal, la prevención y el alivio del dolor ya forman parte obligatoria de los cuidados. Las recomendaciones actuales contemplan la evaluación del dolor, una analgesia adecuada y la participación de los padres en el apoyo al niño. Estas medidas son necesarias ahora, mientras los investigadores siguen precisando la naturaleza de la experiencia subjetiva temprana.

La ciencia deja por ahora abierta la fecha del comienzo de nuestra vida interior. En cambio, ayuda a formular con más precisión la pregunta misma: ¿qué sensaciones están al alcance del niño en cada etapa del desarrollo y cómo podemos reconocerlas? Para los padres y los especialistas hay aquí una perspectiva humanamente importante: prestar más atención a la criatura cuya experiencia aún se expresa mediante el movimiento, la mirada, el llanto y los cambios de estado. Antes de la primera palabra, entre las personas ya se forma un espacio de cuidado.

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