El 13 de septiembre se celebró en Shibuya Shibunan Matsuri, donde uno de los barrios más modernos de Tokio decidió de pronto vivir un poco en el pasado.
Por las calles, entre fachadas de cristal y rascacielos, circulaban rickshaws tradicionales, y además se podía dar un paseo en ellos gratis.
Es decir, literalmente:
sales de un edificio donde todo parece del año 2035,
te subes a un transporte del siglo antepasado,
y cerca de allí un niño baila al ritmo de un set de DJ.
Y nadie ve en ello ningún problema.
Cerca se desarrollaba una procesión de mikoshi —santuarios sintoístas portátiles—, funcionaba un mercado, sonaba música y para los niños se organizó una fiesta de DJ aparte.
El resultado fue un barrio donde coexisten al mismo tiempo:
el Japón tradicional, la megalópolis moderna y una mini-Ibiza para niños.
Los rickshaws eran especialmente magníficos.
Imagínense: una persona con ropa tradicional lleva a los pasajeros junto a torres de oficinas, pantallas y el flujo de la ciudad.
El pasajero, probablemente, piensa:
—Llego tarde a una cita en el futuro, pero voy hacia allá desde el siglo XIX.
Y luego pasa al lado una procesión de mikoshi.
Y a cien metros toca un DJ.
Y todo esto en un mismo Shibuya.
Probablemente sea precisamente por esto que se ama a Japón: sabe no elegir entre lo «viejo» y lo «nuevo».
Simplemente dice:
—Nos quedamos con todo.
Y con eso hace un festival. 😄




