Narendra Modi ha concluido otra gran gira diplomática, visitando Francia, Eslovaquia, las Seychelles y realizando una gira por la región del Indo-Pacífico. En los últimos meses, se reunió en Delhi con el Primer Ministro de Japón, Fumio Kishida, y luego viajó a Indonesia, Australia y Nueva Zelanda, donde mantuvo una serie de negociaciones de alto nivel. Este enérgico ciclo de reuniones refleja la creciente actividad de la India en el escenario mundial.
Este maratón diplomático pone de relieve una tendencia más profunda: las potencias intermedias de Asia y la región del Indo-Pacífico buscan formas de fortalecer su posición ante la creciente incertidumbre en las relaciones internacionales. Los países de la región aspiran a diversificar sus asociaciones y a no depender excesivamente de un solo hegemón, especialmente cuando se trata de posibles cambios en las políticas de las grandes potencias.
La diplomacia india se describe a menudo en términos de una estrategia conocida como "G-menos-2", un enfoque en el que las potencias intermedias de Asia (India, Japón, Australia, Corea del Sur, Indonesia y Nueva Zelanda) profundizan la cooperación entre ellas, buscando ampliar su margen de maniobra y evitar la dependencia total de la dinámica definida exclusivamente por EE. UU. y China. Esto no significa una postura antiestadounidense: los países de la región comprenden que el fortalecimiento militar de China requiere una presencia estable de EE. UU. en la región. Al mismo tiempo, buscan la autonomía estratégica, basándose en sus propias capacidades y en la cooperación multilateral.
Detrás de la retórica diplomática de amistad y cooperación, se esconden claros cálculos estratégicos. India, Japón, Australia y Nueva Zelanda ven en el fortalecimiento de los lazos mutuos un medio para reforzar sus propias posiciones en la región del Indo-Pacífico, contrarrestando la creciente influencia de China, pero no a través de la confrontación, sino mediante la construcción de una arquitectura alternativa de cooperación en los ámbitos económico, de seguridad y tecnológico. El desarrollo paralelo de las relaciones con Estados Unidos permite a estos países mantener el equilibrio, sin tener que elegir entre Washington y Pekín.
El actual impulso diplomático testimonia un cambio de la adaptación pasiva a la reconfiguración activa de las alianzas regionales. Las potencias intermedias ya no están dispuestas a desempeñar un papel secundario en un sistema dominado por dos superpotencias; en cambio, están creando sus propios mecanismos de coordinación que les permiten influir en el curso de los acontecimientos regionales.
Solo una cosa está clara: en un contexto de creciente transformación sistémica de las relaciones internacionales, son las potencias intermedias de Asia las que pueden convertirse en los arquitectos de un nuevo orden regional, en el que la región del Indo-Pacífico dejará de ser un campo de confrontación de superpotencias y se convertirá en un espacio de cooperación multipolar.


