En Barcelona abre Gros: un bar de tapas donde las raciones siguen el principio de «cuanto más, mejor»

Editado por: Svitlana Velhush

En la calle Provença, 202 en el Eixample, tras una fachada verde y enormes cristaleras, huele a ajo frito y a anchoa fresca. En la barra, una gilda XXL: una gruesa oliva gordal, una larga piparra con la acidez justa y una anchoa salada que no deja olvidar el mar. Un solo bocado basta para entenderlo: aquí no se escatima ni en el producto ni en el tamaño.

Los propietarios, Jordi Millán y Sara Martín, vienen de barrios periféricos: Nou Barris y Sant Andreu. Desde 2014 han abierto Casa Angelita, Camarote, Bocarte y Cal Pesca, donde ya demostraron que el pescado y el marisco frescos se pueden servir a precios honestos. Ahora han trasladado la misma fórmula al centro: sin intermediarios, sin quinta gama, todo desde cero. La cuenta media es de 35 euros, y el cliente se va saciado. «Somos gente sencilla, nos gusta la cocina sencilla», dice Jordi. Sara añade: los bares de barrio sobreviven porque dan lo que esperan los locales: abundancia y honestidad.

El chef Matías Paiva convierte los clásicos en versiones «gros». La ensaladilla rusa pesa medio kilo por 7,90 euros. El croquetón de gamba al ajillo cruje por fuera y se deshace por dentro. La bomba con ragú de rabo de toro ya no es un aperitivo, sino un plato completo: corteza crujiente y, dentro, horas de cocción lenta, cartílagos y una salsa intensa. Estas raciones remiten al cocido madrileño, ese plato contundente y campesino en el que la carne, los garbanzos y el caldo deben llenar el plato y el estómago. Aquí la filosofía de «cuanto más, mejor» se convierte en un nuevo capítulo de la historia de los guisos españoles: no una reconstrucción de museo, sino comida viva y generosa para el día de hoy.

El local tiene hasta 70 plazas, pero es mejor reservar. La vitrina de la barra muestra ostras, gambas y pescado frescos, prueba de que no se esconde nada. La clientela es sobre todo local: los vecinos vienen no por Instagram, sino para comer como en casa, solo que mejor. En una ciudad donde muchos establecimientos se orientan al turista, Gros parece una rareza: un bar que recuerda para quién está abierto.

En la práctica: venga a la hora de comer o a primera hora de la tarde, pida la gilda, la bomba y unos huevos rotos con gambas. Si hay suerte, pescado fresco fuera de carta. Los postres sin exceso —torrija o flan con nata— cerrarán la comida sin pesadez. Dirección: Carrer de Provença, 202, Eixample, Barcelona. Reserve con antelación: la noticia se ha corrido rápido.

En Gros, las raciones y los precios devuelven a la razón por la que uno va a un bar: salir saciado, contento y con la sensación de haber comido como un ser humano.

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Fuentes

  • Gastronomía: recetas, restaurantes y bebidas en EL PAÍS

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