Los xokleng recuperan la araucaria sagrada: 100 miles de plantones por el bosque y la cultura

Editado por: Svitlana Velhush

En el sur de Brasil, en las tierras del pueblo xokleng en el estado de Santa Catarina, se desarrolla un trabajo silencioso pero a gran escala para recuperar el bosque. Los lugareños han plantado en pocos años casi cien mil plantones de araucaria brasileña, un árbol que en el siglo pasado perdió el 97 por ciento de su área de distribución y ahora figura entre las especies en peligro crítico.

La araucaria (Araucaria angustifolia) es una conífera majestuosa capaz de crecer más de cincuenta metros. Su tronco recto y su amplia copa definieron una vez el aspecto de los bosques del sur de Brasil. Hoy estos bosques están muy fragmentados, y el árbol mismo se ha convertido en símbolo de la vulnerabilidad de todo un ecosistema. Los piñones que produce sirven de alimento no solo a las personas, sino también a al menos veintidós especies animales.

Para los xokleng, la araucaria no es solo una planta. Según su tradición, de este árbol fue creado el animal protector, y sin él es imposible contar la historia del pueblo. Carl Gackran, uno de los impulsores del proyecto, vincula directamente el destino del árbol con el de su cultura: cuando desaparece el árbol sagrado, la lengua y las tradiciones están en peligro.

Todo comenzó en el año 2016, cuando Gackran conoció el estatus de la araucaria en la Lista Roja de la UICN. Primero quiso cultivar diez árboles en su terreno, pero la idea pronto cautivó a la comunidad. En 2017 se puso en marcha un proyecto sistemático del que ahora se ocupa el instituto Zág. En diez años, el instituto ha producido más de ciento cuarenta mil plantones y los ha plantado en una superficie de más de mil hectáreas dentro del territorio de Ibrama-La Klaño.

El trabajo sigue las reglas tradicionales: al recolectar las semillas se deja al menos el cuarenta por ciento para los animales salvajes, y antes de plantar se realizan rituales y se «habla» con las semillas. Paralelamente se eliminan especies invasoras —el pino americano y los eucaliptos—, liberando espacio para las plantas autóctonas. En el proyecto participan de treinta a sesenta voluntarios según la temporada.

El territorio donde se lleva a cabo la restauración aún no está completamente formalizado legalmente: el proceso de demarcación continúa desde hace años. Sin embargo, las propias plantaciones se convierten en un argumento a favor del reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas sobre las tierras ancestrales. La restauración del bosque aquí es a la vez una tarea ecológica, cultural y legal.

Cuando las personas devuelven a los árboles su lugar en el paisaje, al mismo tiempo recuperan parte de su propia historia y dan una oportunidad de sobrevivir a decenas de otras especies.

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Fuentes

  • Xokleng Indigenous people plant thousands of critically endangered pine in Brazil

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