El hierro líquido en el núcleo externo de la Tierra, situado a unos 2200 kilómetros bajo la superficie, modificó repentinamente su movimiento. En 2010, bajo el océano Pacífico, una corriente principal de material fundido pasó de un flujo débil hacia el oeste a uno fuerte hacia el este.
Los científicos aún no logran explicar qué provocó este cambio de dirección. Los datos de los satélites de la Agencia Espacial Europea, incluyendo las misiones Swarm y CryoSat, junto con observaciones previas de CHAMP y Ørsted, permitieron rastrear el evento con detalle.
Una investigación, publicada en el Journal of Studies of Earth's Deep Interior, indica que cambios de esta magnitud en la circulación del núcleo pueden ocurrir mucho más rápido de lo que se pensaba. Anteriormente, se creía que los flujos a gran escala se mantenían relativamente estables durante décadas.
El autor principal del estudio, Frederik Dahl Madsen de la Universidad de Edimburgo, señala: "La inversión a gran escala del flujo bajo el Océano Pacífico plantea nuevas preguntas sobre el comportamiento de las capas profundas de la Tierra". Añade que la fuerte corriente hacia el este ha comenzado a debilitarse aproximadamente desde 2020.
Los investigadores sugieren una posible conexión entre esta inversión y los cambios en el núcleo interno, registrados mediante datos geodésicos y sismológicos. ¿Qué se esconde detrás de estas profundas alteraciones?
Los cambios en el núcleo no representan una amenaza directa para las personas o el clima, pero influyen directamente en el campo magnético del planeta. Este campo protege la Tierra de la radiación solar y es crucial para la navegación y el funcionamiento de los satélites.
Anja Strømme, gerente de la misión Swarm, subraya el valor de las mediciones satelitales a largo plazo: permiten rastrear la evolución del geodinamo en tiempo real. Los científicos planean continuar el monitoreo para determinar si la inversión es una oscilación temporal, parte de un ciclo o un nuevo estado estable.
Según Elisabetta Iorfida, investigadora de la misión, los cambios regionales pueden manifestarse en tan solo una década. Esto abre nuevas vías para investigar la interacción entre el núcleo externo, el núcleo interno y el manto inferior.
