En California se está encendiendo una de las disputas económicas más notorias de este otoño.
Seis laureados con el Premio Nobel de Economía — Daron Acemoglu, Abhijit Banerjee, Peter Diamond, Esther Duflo, Paul Krugman y Joseph Stiglitz — se pronunciaron en apoyo de Proposition 40, una iniciativa sobre un impuesto único a las mayores fortunas del estado.
Se trata de un impuesto de hasta 5% sobre el patrimonio de las personas cuyos activos sujetos a gravamen superan los $1 mil millones y que eran residentes de California el 1 de enero de 2026 año. Los bienes inmuebles, las cuentas de jubilación y algunos otros activos no se incluyen en el cálculo.
El objetivo principal de la iniciativa es la atención sanitaria. 90% de los fondos recaudados deben destinarse a programas médicos, y el 10% restante — a la ayuda alimentaria, los programas educativos y la administración del propio impuesto. Según las estimaciones de las autoridades, podría tratarse de decenas de miles de millones de dólares en ingresos adicionales, distribuidos a lo largo de varios años.
¿Por qué la cuestión se ha vuelto tan notoria precisamente ahora? California sigue siendo el hogar de varios cientos de multimillonarios, una parte significativa de los cuales está vinculada al sector tecnológico. El patrimonio conjunto de los multimillonarios californianos se estima en aproximadamente $2,3 billones.
En los últimos años su riqueza ha crecido de forma abrupta, sobre todo al calor del auge de la inteligencia artificial. Al mismo tiempo, los partidarios de la Proposition 40 señalan que la proporción de impuestos en relación con el aumento del patrimonio de los mayores propietarios de capital siguió siendo relativamente baja.
Precisamente esto se convirtió en uno de los principales argumentos a favor de un impuesto único sobre las fortunas ultragrandes.
Pero la disputa dista mucho de ser unilateral.
Los detractores de la Proposition 40 advierten que el impuesto podría empujar a los residentes ricos a mudarse, reducir los futuros ingresos fiscales del estado y generar dificultades para valorar empresas privadas, obras de arte, propiedad intelectual y otros activos que no pueden consultarse sin más en un terminal bursátil.
Los partidarios, en cambio, consideran que la magnitud de la riqueza acumulada es tan grande que un gravamen único no destruirá la economía innovadora, pero podrá dar al sistema sanitario un recurso financiero considerable.
Los laureados con el Premio Nobel de Economía consideran la votación en California como un posible experimento que otros estados y países seguirán con atención. Si ese modelo resulta política y económicamente viable, el debate sobre los impuestos a los ultrarricos podría recibir un nuevo impulso mucho más allá de California.
La votación se celebrará el 3 de noviembre de 2026.
Por ahora, la Proposition 40 tiene una ligera ventaja en las encuestas: alrededor de 52% de los votantes probables están dispuestos a apoyar la iniciativa, alrededor de 46% se pronuncian en contra. Pero aún queda tiempo hasta la votación, por lo que el resultado sigue siendo incierto.
Por eso precisamente la votación de noviembre será interesante no solo para California.
La cuestión aquí es ya mucho más amplia que un solo impuesto: hasta dónde está dispuesta a llegar la sociedad en la redistribución de las fortunas ultragrandes, y si es posible al mismo tiempo preservar la inversión, la innovación y el atractivo de la región para los negocios.
La respuesta a ello ahora la darán los propios votantes.


