Una encuesta de 167 expertos en previsión estratégica de 55 países, realizada por el Foro Económico Mundial junto con la OCDE, muestra que la inteligencia artificial ya está transformando la práctica del trabajo con el futuro, pero no sustituye el pensamiento humano. Los expertos valoran la IA ante todo por el ahorro de tiempo en tareas rutinarias, aunque expresan serias preocupaciones sobre la calidad y la fiabilidad del contenido generado.
Las fuerzas estructurales aquí son evidentes: las instituciones estatales e internacionales se enfrentan a una creciente complejidad de los riesgos globales, desde el cambio climático hasta los cambios geopolíticos. En estas condiciones, la previsión estratégica deja de ser un lujo y se convierte en una necesidad para la gobernanza anticipatoria. Históricamente, instrumentos similares, como en el caso de los informes del Club de Roma o los primeros modelos de la OCDE, siempre dependieron del equilibrio entre datos e interpretación. Hoy la IA acelera la recopilación y el procesamiento de datos, pero, como señalan los encuestados, adolece de alucinaciones y de incapacidad para el razonamiento inductivo.
El momento coyuntural subraya la urgencia: muchos gobiernos ya integran la IA en sus procesos de planificación, aunque sin protocolos claros. La capa oculta es el interés de las empresas tecnológicas y las consultoras, que promueven sus soluciones, mientras los expertos advierten contra la sobreestimación de las capacidades de los algoritmos. Los incentivos reales convergen en un punto: todos quieren obtener escenarios más rápido y más barato, pero nadie está dispuesto a confiar por completo el futuro a las máquinas.
La convergencia dominante apunta a la formación de modelos híbridos. La IA procesará grandes volúmenes de información e identificará patrones, mientras que las personas aportarán el contexto, la evaluación ética y la previsión creativa. Este es el desenlace más probable en los próximos 12–18 meses, ya que las limitaciones institucionales y los recelos en materia de confianza no permitirán automatizar por completo el proceso. Los dos contraargumentos más sólidos —el desarrollo acelerado de modelos con mejor razonamiento y la presión presupuestaria para reducir plantillas— podrían inclinar la balanza, pero solo si la calidad de la IA aumenta sustancialmente, algo que por ahora no se observa.
Un indicador clave que conviene seguir en las próximas 4–8 semanas: la publicación de los primeros proyectos piloto sobre el uso de la IA en las estrategias nacionales de prospectiva en los países de la OCDE y las decisiones sobre la inclusión o exclusión de herramientas de IA en las guías oficiales de gobernanza anticipatoria. Precisamente estos pasos mostrarán si el enfoque híbrido se consolida o si prevalece el escepticismo.
Los gobiernos deberían desarrollar ya ahora estándares internos de verificación de los resultados de la IA, para no perder el control sobre las decisiones estratégicas.

