En septiembre surge una alta probabilidad de un salto cuántico. Esta es una zona de ruptura hacia lo que la mente humana percibe como un "milagro". Y algo así no ocurre como un desarrollo lógico de los acontecimientos, sino como lo que se describe con las palabras: "nada lo presagiaba".

El sentido es que se trata de una transición directa de la cantidad de experiencia acumulada a un evento cualitativamente nuevo. No una transición lineal, sino un único salto.
Estas frecuencias tienen dos vías de realización.
La primera vía es el intento de evitar la transición. Y la reacción puede ser abrumadora. Es decir, las personas no entran en el nuevo estado, pero el evento externo se desploma de tal manera que es imposible vivir como antes. Y entonces los cambios tendrán que implementarse bajo la apariencia de "restablecer el orden", "eliminar las consecuencias" o "compensar los daños".
En este caso, se inicia un nuevo ciclo de maduración y acumulación de energía adicional para el próximo salto cuántico en el futuro.
La segunda vía es ir directamente a otra calidad. El momento más difícil para la mente es que el futuro resulta ser algo que antes no estaba en la experiencia. No hay en qué apoyarse ni a dónde retroceder. Habrá que avanzar y reconocerse en una nueva versión.
En los procesos colectivos, muy probablemente ocurrirá una "dispersión de elección": diferentes sociedades tomarán caminos distintos. Algunos no se atreverán a dar el salto y se pondrán ante la amenaza de una crisis externa, ya sea natural o social. Otros darán ese paso, y ese grupo de personas (país, región) llegará de repente a cambios radicales en su organización.
Se puede decir que, en general, para el planeta la transición de frecuencias se completará de todos modos, y las distintas sociedades la procesarán a su manera, en la ventana temporal que necesiten.
Septiembre representa el pico de una nueva ola, cuyo efecto se extenderá hasta el solsticio de invierno. Es decir, los eventos externos tendrán consecuencias para todas las personas durante varios meses más. Y luego comenzará a formarse una nueva ola que finalmente materializará lo que la gente no se atreva a transformar este otoño.
En la vida personal, las vibraciones del mes también favorecen el salto cuántico. Pero es importante ser consciente de que no son eventos lineales que puedas deducir de la lógica del pasado. La mente aquí no ayuda.
Lo que te llama no es esa sensación que puedas llamar "deseo", porque la sensación en sí no te resulta del todo familiar. Aquí la palabra más cercana en significado es "excitación" o "intriga": algo que está por descubrir y explorar. Es decir, no es ese regalo que ya has desempaquetado y reconocido. Este regalo lo recibes como un "dispositivo desconocido que hay que dominar". Tal vez muestre una imagen, tal vez haya que jugar con él, o tal vez incluso se pueda volar en él...
El salto cuántico es un desplazamiento hacia algo que no existía y para lo cual no había instrucciones sobre qué hacer con ello.
Y, como puedes darte cuenta, tu reacción ante este evento muestra directamente tu disposición a aceptar la nueva calidad o a adoptar una postura defensiva para "esperar un poco más", es decir, rechazar los cambios y entrar en un nuevo ciclo de repetición.
Recuerda que no es el evento el que determina la consecuencia, sino tu reacción ante él. Aquí y ahora eliges las consecuencias con tu miedo o con tu entusiasmo.
Como siempre, la elección es tuya, y el mundo exterior se ajustará a ella.



