La tarde del 27 de octubre en Basilea, Stan Wawrinka, de 41 años, envió su último revés a una mano de su carrera fuera. El marcador 5:7, 6:7(2) contra el checo Jiří Lehečka no fue solo una derrota en la primera ronda del ATP 500 de su casa, sino el punto donde terminó la historia de 24 años de uno de los jugadores más obstinados de la era del Big Three.
Wawrinka había anunciado su retirada a finales de 2025, eligiendo para el torneo final precisamente Basilea, la ciudad donde creció y donde siempre se sintió en casa. Los aficionados le brindaron ovaciones incluso antes del partido, y después, de pie. El propio suizo subrayó en una entrevista con la ATP que lo principal para él era «darlo todo sin arrepentimientos».
A sus espaldas, tres títulos de Grand Slam, conquistados precisamente en finales contra los entonces números uno del mundo: Nadal en Melbourne-2014, Djokovic en París-2015 y Nueva York-2016. Además, el oro olímpico en pareja con Federer y la Copa Davis. En una época en la que los tres dominaron durante casi dos décadas, Wawrinka demostró que incluso a la sombra se puede dejar una huella brillante.
Su carrera es un ejemplo de cómo la psicología y el carácter pesan más que el talento puro. Wawrinka no poseía una velocidad o una potencia fenomenales, pero sabía crecerse en los momentos clave y jugar a través del dolor. Los aficionados valoraban en él precisamente esa honestidad: nunca se escondió detrás de las lesiones y siempre salió a la pista con la máxima entrega.
Para el tenis, su marcha es otra señal del cambio de generación. Tras la retirada de Federer, Nadal y ahora Wawrinka, solo queda Djokovic, mientras que al primer plano llegan jóvenes jugadores para quienes el Big Three ya es historia. El tenis suizo, que en su día dio al mundo dos campeones, ahora busca nuevos héroes.
Wawrinka se marcha sin arrepentimientos, dejando tras de sí no solo títulos, sino también un ejemplo de cómo vivir una carrera con dignidad. Su último revés fuera se convirtió en un símbolo: a veces lo más importante es simplemente salir y darlo todo hasta el final.


