La primera colección Métiers d’Art bajo la dirección de Matthieu Blazy no se ha presentado en París, sino en Seúl. Esta elección constituye por sí misma una pieza clave para descifrar la estrategia actual de la firma.
Chanel es propiedad de la familia Wertheimer, cuyas prioridades se centran en el crecimiento sostenido de los ingresos y el fortalecimiento de su posición en Asia. Corea del Sur registra uno de los índices de consumo de artículos de lujo per cápita más altos del mundo, por lo que este desfile en Seúl permite a la marca reafirmar la continuidad de su rumbo creativo a la vez que se consolida en un mercado estratégico.
Aunque la primera colección Métiers d’Art de Blazy debía confirmar que las tradiciones artesanales y estéticas de la firma siguen siendo la prioridad, la elección de la sede indica que la lógica comercial ha terminado por imponerse al vínculo histórico con París.
Según los informes del sector, las ventas de Chanel en la región de Asia-Pacífico ya superan a las registradas en Europa. Organizar el evento en Seúl acorta la distancia entre la pasarela y el consumidor, permitiendo evaluar la reacción de un público que genera una parte sustancial de la facturación total. No obstante, las piezas de la línea Métiers d’Art se siguen suministrando desde los talleres ubicados en París y sus alrededores.
El comprador de Seúl no adquiere simplemente una prenda, sino un símbolo de pertenencia a una élite global que valora el legado francés mientras demuestra estar al tanto de los nuevos nombres creativos. La colección de Blazy ofrece precisamente esa combinación: siluetas icónicas de Chanel junto a una presentación más sobria, casi arquitectónica, que responde a la demanda del público coreano de un estatus alejado de la teatralidad excesiva.
Una situación similar se produjo cuando Louis Vuitton trasladó sus desfiles a Seúl y Shanghái: tras la aparente apertura cultural, subyacía el deseo de reducir el intervalo entre la pasarela y el punto de venta. Chanel repite ahora este movimiento, y lo hace con Métiers d’Art, la colección que tradicionalmente ha sido considerada la línea más «francesa» de la casa.
De este modo, el desfile en Seúl consolida un nuevo equilibrio de poder: se mantiene la libertad creativa del diseñador, pero la decisión final sobre el lugar de la presentación depende del resultado financiero y no de la tradición geográfica.



