En las empinadas laderas del volcán Darwin en la isla Isabela en Galápagos, donde el viento y la sequía han puesto a prueba a cada planta durante siglos, en el año 2007 los biólogos descubrieron al borde de la extinción un endemismo rarísimo: solo seis arbustos de boca de dragón de Galápagos. Hoy, gracias a treinta años de trabajo de la Fundación Charles Darwin, hay veintiocho individuos adultos, y no solo han sobrevivido, sino que se reproducen espontáneamente en la naturaleza. Este logro innovador se anunció en agosto de 2026.
La historia comenzó con una única muestra de herbario recolectada en 1962 cerca de Caleta Tagus. Durante mucho tiempo se consideró que la especie estaba extinta: las cabras y cerdos introducidos por el hombre destruían la vegetación del archipiélago, casi borrando esta especie de la faz de la tierra. Para 2007, en las laderas rocosas solo quedaban seis arbustos de Galvezia leucantha. Los científicos recolectaron semillas y comenzaron un trabajo paradójicamente complejo: de las 1800 semillas recolectadas, solo unas decenas germinaron en el laboratorio. Todas las plantas viables se cultivaron en viveros y entre 2017 y 2024 se trasladaron por etapas a su área histórica: dos hábitats, Playa Tortuga Negra y Caleta Tagus.
La clave del éxito fueron los contenedores especiales Groasis Waterboxx. Estos dispositivos autónomos recolectan el rocío nocturno y el agua de lluvia, suministrando humedad dosificada a través de una mecha insertada en el suelo: aproximadamente 50 mililitros por día. La paradoja es que esta cantidad mínima no es suficiente para un desarrollo óptimo de la planta, lo que estimula que las raíces crezcan más profundamente en busca de humedad. Cuando las raíces alcanzan capas de suelo más húmedas, la planta entra en una fase de crecimiento activo y puede sobrevivir por sí sola. La tasa de supervivencia de los plantones alcanzó el cien por cien. Las plantas sobrevivieron a varias sequías severas, florecieron y, en 2021, por primera vez en la historia de la recuperación de la especie, produjeron brotes naturales sin ayuda humana.
El proyecto demostró que incluso los ecosistemas insulares gravemente dañados pueden restaurarse con trabajo esmerado, enfoque científico y consideración de las condiciones locales. El programa Galápagos Verde 2050 de la Fundación Charles Darwin demuestra cómo la combinación de propagación en invernadero con reintroducción en el campo puede devolver la vida a una especie. El éxito con Galvezia leucantha ahora se convierte en un modelo para salvar a otros endemismos raros de Galápagos y de otros archipiélagos del mundo. La investigación se publicó en la revista Nature Conservation.
En treinta años de trabajo, los biólogos no solo devolvieron una especie al borde de la supervivencia. Demostraron que un esfuerzo persistente, aparentemente discreto —supervisión anual, cuidado cuidadoso de cada arbusto, experimentación con métodos— puede revertir el curso de la extinción.
Cuando el ser humano deja de ser una amenaza y se convierte en jardinero de la naturaleza, la vida encuentra la manera de regresar.

