Investigadores de la Universidad de California en Berkeley han presentado nuevos datos sobre el cruce entre especies en la profunda historia de la humanidad. Además de los neandertales y los denisovanos, los humanos modernos heredaron material genético de dos líneas arcaicas desconocidas.
Una de ellas, denominada provisionalmente como «fantasma», se cruzó con Homo sapiens en África hace más de 50.000 años. Esta línea se separó del árbol genealógico común hace aproximadamente 800.000 años, más o menos cuando se separaron los caminos de los neandertales y los denisovanos. Su ADN constituye alrededor del 1 % del genoma de cada persona que vive hoy en día, independientemente de su origen.
La segunda línea, «súper arcaica», existió aún antes, hace aproximadamente 1,8 millones de años. Al parecer, se cruzó con los denisovanos en Eurasia, y a partir de ellos, fragmentos de ADN llegaron a los humanos modernos. Los rastros de esta mezcla son especialmente notables en la población de Oceanía, donde la proporción denisovana es tradicionalmente mayor.
Los científicos desarrollaron un nuevo método computacional, TRACE, que reconstruye las relaciones genealógicas a partir de genomas modernos sin depender de ADN antiguo. La aplicación del método permitió no solo descubrir estos segmentos, sino también demostrar que ambas contribuciones «fantasmales» juntas constituyen alrededor del 2 % del genoma de los humanos modernos.
Muchos de estos fragmentos arcaicos se concentran en áreas relacionadas con la inmunidad y el metabolismo. Esto sugiere que podrían haber ayudado a los antiguos humanos a adaptarse a nuevos patógenos y fuentes de alimento. ¿Cómo influyeron exactamente estos genes antiguos en nuestra evolución?
El estudio fue publicado el 30 de julio de 2026 en la revista Science. Los autores señalan que a medida que se amplíen las bases de datos genómicas y surjan nuevos métodos, se podrán identificar otros episodios ocultos de intercambio entre especies.


