Antes de conocer los nombres de las notas, ya sabemos asombrarnos ante el sonido.
La cuchara toca la taza y surge una pequeña campana. La voz se refleja en la pared. El agua responde al movimiento de la palma. El niño repite, escucha con atención, lo intenta de nuevo. En ese instante el mundo está lleno de instrumentos, y la música comienza con la curiosidad.
En el espacio musical GAYA ONE hoy suena Venecia, una ciudad que propone recordar esa apertura.
Del 10 al 24 de octubre de 2026 se celebra aquí el 70º Festival Internacional de Música Contemporánea Biennale Musica. Su título es A Child of Sound, «Hija del sonido». La directora artística, la compositora Caterina Barbieri, invita a escuchar con la libertad con la que un niño se encuentra por primera vez con lo desconocido.
La música comienza con la curiosidad
El festival se basa en la idea de una escucha libre de expectativas preconcebidas.
Estamos acostumbrados a determinar rápidamente: esto es clásica, esto es electrónica, esto es conocido y esto es extraño. Pero a veces la etiqueta aparece antes que la propia experiencia. Ya hemos decidido qué tenemos delante, aunque todavía no hayamos llegado a escuchar de verdad.
Barbieri propone detenerse en ese primer instante del encuentro. En su concepción curatorial, la infancia se convierte en una imagen de la apertura creativa: la capacidad de explorar el sonido sin exigirle que corresponda de inmediato a reglas conocidas.
Es una invitación a dejar que la experiencia ocurra. Escuchar un timbre insólito. Seguir una nota larga. Sentir cómo varias voces transforman el espacio entre las personas.
Cítara, kalimba y la alegría de la risa
Una de las líneas más cálidas del programa está vinculada al músico estadounidense Laraaji, conocido por su trabajo con el ambient y la cítara eléctrica.
Para la inauguración del festival se anunció el estreno mundial de Alignment. En su descripción aparecen la cítara, la kalimba, la voz, el sintetizador de teclado, los bucles sonoros naturales y la percusión suave. La interpretación se basa en la improvisación y en una presencia atenta; se invita a los oyentes a percibirla sentados o recostados, incluso con los ojos cerrados.
Este formato cambia el propio gesto de escuchar. Uno puede acomodarse mejor y dejar que la atención siga al sonido: su aparición, su movimiento y su disolución gradual.
La participación de Laraaji incluye también un taller de risa meditativa. Junto a la concentración aparece aquí la alegría: la voz se libera de la necesidad de decir algo importante y recibe la posibilidad de simplemente sonar.
Cuando distintas tradiciones componen juntas
Otra faceta del festival la revela una nueva obra que reúne a Liru Pramuk, Mohammad Reza Mortazavi y El Ghazuli.
La práctica vocal de Pramuk se encuentra con la percusión persa de Mortazavi, y El Ghazuli aporta el sonido del sintir marroquí, la fujara eslovaca y la electrónica. El proyecto se presenta como un estreno mundial, creado por encargo de la bienal.
Aquí lo interesante es el propio espacio del encuentro. Detrás de cada instrumento hay destrezas, memoria, un entorno cultural y el camino personal del intérprete. El trabajo conjunto permite que estas diferencias se conviertan en fuente de nuevas relaciones musicales.
La voz puede recoger el movimiento de la percusión. La capa electrónica puede continuar el aliento del instrumento acústico. Un timbre conocido recibe un interlocutor inesperado, y nace una obra que es posible precisamente gracias a este encuentro.
Un lugar donde se puede tocar y escuchar
El festival va más allá del calendario de conciertos.
Arcadia está concebida como un espacio sonoro para la experimentación. Origine, situada en el Arsenal, como un espacio de escucha atenta, de encuentros e intercambio, con conciertos, escuchas y proyecciones.
Estos formatos comparten un mismo valor: dan al sonido tiempo y lugar.
Se puede llegar con curiosidad, quedarse un rato, notar la propia reacción. Escuchar cómo cambia la percepción junto a otras personas. Descubrir que el silencio entre los acontecimientos también participa de la experiencia musical.
Qué podemos llevarnos con nosotros
Hijo del sonido — una bella imagen también para la vida cotidiana.
Durante un paseo, se pueden dejar a un lado los auriculares por un minuto y prestar atención a lo que ya está ocurriendo. En casa, sostener una sola nota y notar cómo responde la habitación. En una canción conocida, elegir un instrumento al que antes casi no se prestaba atención.
Son pequeñas maneras de devolver la curiosidad al oído.
La música nos da la posibilidad de encontrarnos con el mundo una vez más: a través de la respiración, el movimiento, la atención, a través de una voz distinta de la nuestra. Y en cada uno de esos encuentros puede surgir una nueva consonancia.
Quizá la alegría de la primera escucha nunca se fue. Aguarda el instante en que volvamos a permitir que el sonido nos sorprenda.



