El 13 de mayo, Swatch y Audemars Piguet anunciaron oficialmente su proyecto conjunto, Royal Pop. La colaboración generó un impacto inmediato, al tratarse de la primera vez que se reinterpreta el emblemático modelo Royal Oak de Audemars Piguet —cuyo precio base ronda los 20.000 dólares— de la mano de una firma accesible.
La presentación del modelo se publicó en el sitio web de Swatch y, contra todo pronóstico, no resultó ser una versión económica del clásico reloj de pulsera. En su lugar, las marcas desvelaron una colección de ocho modelos de bolsillo con una vibrante estética pop. Estas piezas pueden llevarse colgadas al cuello, en el bolsillo, como adorno para el bolso o como un elemento decorativo del atuendo. Este formato es un guiño directo a la línea Swatch POP de finales de los 80, donde el reloj se concebía no solo como un objeto útil, sino como un accesorio de moda esencial.
El diseño del Royal Pop fusiona los elementos distintivos del Royal Oak con el lenguaje visual de Swatch. El acabado incorpora el bisel octogonal, los tornillos característicos y el patrón Petite Tapisserie. La caja está fabricada en biocerámica, cuenta con cristal de zafiro por ambos lados y las manecillas e índices lucen un recubrimiento de Super-LumiNova® de categoría A. En su interior late un movimiento SISTEM51 modificado de cuerda manual, con 90 horas de reserva de marcha, espiral Nivachron™ y un ajuste de precisión láser de fábrica.
La colección ofrece diversas paletas de colores, desde intensos tonos rosas, amarillos y azules hasta versiones en negro más sobrias y minimalistas. Además, la gama incluye los formatos Savonette y Lépine, lo que refuerza el vínculo del proyecto con la tradición de la relojería de bolsillo.
A diferencia de los sonados proyectos previos de Swatch con Omega y Blancpain, en esta ocasión la compañía colabora con una marca ajena al Swatch Group. Audemars Piguet es una manufactura familiar independiente, y el mero hecho de esta alianza ha sido calificado como sorprendente por muchos analistas del sector. La elección del Royal Oak para esta reinterpretación —uno de los modelos más reconocibles e icónicos del mundo— ha despertado, inevitablemente, un interés masivo.
El hecho de que las ventas del Royal Pop se organicen exclusivamente de forma presencial, sin disponibilidad en línea, potencia al máximo la sensación de escasez y aviva la demanda ante el lanzamiento.
Sin embargo, el lanzamiento ha venido acompañado de una reacción ambivalente por parte del público. Una parte de la audiencia esperaba una interpretación del famoso modelo en un rango de precios accesible, similar al de otras colaboraciones de Swatch. Tras la presentación, quedó claro que el producto real dista mucho de dichas expectativas. En lugar de un reloj de pulsera, se propuso un formato de bolsillo con un marcado carácter decorativo y casi de caricatura. En las redes sociales, la novedad se compara tanto con accesorios vintage como con objetos pop de tendencia. GQ incluso los ha comparado con los Labubu, dado que el modelo bien podría servir como un adorno colgante para el bolso.
Mientras unos ven el Royal Pop como un gesto de diseño audaz y una visión innovadora del legado relojero, otros lo consideran un experimento demasiado radical y poco serio para una marca del nivel de Audemars Piguet; el debate ha trascendido la colección misma para cuestionar los límites de la "democratización" de las marcas de lujo. Algunos propietarios de piezas originales de AP se han mostrado sumamente descontentos con esta colaboración. Consideran que la marca pierde exclusividad y estatus, bajo la premisa de que "el lujo no debe estar al alcance de cualquiera".
Pese a todo, los expertos auguran un éxito rotundo a esta unión. Los comentarios entusiastas, que logran eclipsar incluso las críticas negativas, sugieren que el 16 de mayo se formarán largas colas frente a las boutiques físicas de Swatch. E incluso si no se repite el fenómeno del MoonSwatch —la colaboración con la firma de lujo Omega—, las marcas han conseguido generar un impacto mediático innegable. Por lo tanto, aun en el peor de los escenarios para la colección, la repercusión mediática promete compensar cualquier posible pérdida.
Y un último detalle, pequeño pero significativo: Audemars Piguet ha anunciado que destinará el 100% de sus ingresos de esta colaboración a iniciativas para la preservación del arte relojero y la transmisión de técnicas artesanales a las nuevas generaciones. Se trata de un gesto noble, independientemente de la acogida que la colección reciba por parte de los entusiastas de la marca.




